*Por Alejandra Sánchez Cabezas
El socius actúa sobre los cuerpos a base de crueldades, repeticiones, represiones y lesiones. Forma y organiza nuestros cuerpos, impone normas, modelos, formas de vivir, de sentir, de gozar, de enfermar y de morir . Nos crea y nos somete. Define nuestros goces, nuestra manera de percibir y entender al mundo, y dirige nuestros deseos .
¡Así actuó el patriarcado con mujeres, varones y disidencias! Pretendió inventarnos, dividirnos en dos, sujetarnos, fraguar nuestras vidas y nuestras muertes.
La cultura talla los cuerpos, de manera directa en las culturas llamadas primitivas, o a través de circuitos más sofisticados en el capitalismo avanzado. Escribe sobre los cuerpos por medio de un sistema que, a un primer movimiento que deja marcas de manera explícita, le sigue otro que talla a través del lenguaje, nombrándonos y reconstruyendo memorias de historias y palabras inventadas. Palabras que, a cualquier costo y a través de la memoria y de la culpa, reproducen formas de organización social.
Así descripto, pareciera que es un sistema sin salida. Un socius que nos inventa, nos conforma, nos determina y nos usa como obedientes engranajes.
Sin embargo, los feminismos y transfeminismos mostraron que el sometimiento nunca es total, que los límites nunca son completos: liberaron flujos de libertad que abrevaron de fuerzas primitivas para crear otros socius, otras historias .
Las luchas feministas y transfeministas mostraron que es posible construir nuevos mundos partiendo de situaciones de debilidad, creando caminos para fortalecer las potencias del ser.
Estos movimientos inspiraron a muchas feminidades. Fueron faro para muchas de nosotras cuando nos sentíamos aprisionadas por una cultura que nos imponía metas vanas o imposibles, que nos debilitaba, y nos obligaba a estar siempre mirando afuera para descubrir que se esperaba de nosotras.
Muchas de quienes nos sentíamos desorientadas encontramos en los feminismos fuerzas para volar. Los feminismos fueron un espacio de sanación para quienes nos sentíamos enfermas y el impulso que necesitábamos para darnos cuenta de que la cultura patriarcal imponía metas que no estaban pensadas para fortalecernos, sino para dominarnos y debilitarnos.
Enfermas y debilitadas, ese mandato se había convertido en una coraza que nos aislaba, nos desvitalizaba y nos impedía conservar la más dura mismidad . El mandato de suavidad, de abnegación y de servicio no dejaba lugar para una opción dionisíaca de la vida y de la muerte con toda su crueldad. Nos enfermaba y nos debilitaba.
Y me dan por la cabeza... y al momento ni me acuerdo.
Sigo mansa, sigo lerda, siempre igual.
Convencida y obstinada en el bien y la nobleza.
¡Y me dan por la cabeza, y me la vuelven a dar!
Yo no sé si esto es sublime, yo no sé si soy una tonta,
siempre lista, siempre pronta a entregarme a los demás...
A confiar en los amigos, a creer en los amores,
y en los peces de colores y ¡en la Paz Universal!
Eladia Blázquez
Sin embargo, fuimos abriendo caminos. Dejamos de renunciar a nuestra identidad, a nuestra vida y a nuestras fuerzas, pudimos liberarnos, devenir átomos y concentrar nuestras potencias.
Nos dio la fuerza para decirle no a un patriarcado que exige dedicación, servicio y renuncia a nuestro ser. Que impone el olvido, o peor aún, la mutilación de nuestros instintos. Que nos aleja de la satisfacción de nuestras fuerzas. Que espera que, dulce y abnegadamente, nos convirtamos en mujeres de negro sentadas en la puerta de pueblos blancos, en viudas de la vida y de la muerte. UN patriarcado que nos obligaba a vivir la vida a través de otras personas.
Los movimientos de mujeres y disidencias nos enseñaron que nuestros cuerpos pueden ser vectores de fuerzas novedosas, logramos construir encuentros, derrumbar muros, tender puentes y visibilizar algunas de las contradicciones que reproducían dolor e inequidades.
Hicimos posible nuevos nacimientos.
Los movimientos de mujeres, desde la debilidad que les había sido impuesta, encontraron grietas para fisurar históricas formas de construir al yo y al nosotrxs.
Aquí no se termina el camino, necesitamos seguir avanzando y para eso necesitamos inventar respiraciones nuevas…
Respiraciones que no sólo consuman el aire,
sino que además lo enriquezcan
y hasta lo liberen
de ciertas combinaciones taciturnas.
Respiraciones que inhalen además
de las ondas y los ritmos,
la fragancia secreta del tiempo
y su disolución entre la bruma.
Respiraciones que acompañen
a aquel que las respire.
Respiraciones hacia adentro del sueño,
del amor y la muerte.
Y para eso hay que inventar un nuevo aire,
unos pulmones más fervientes
y un pensamiento que pueda respirarse…
Agradezco a los movimientos de mujeres que desafiaron el modo de producción de deseos y relaciones de poder desde su lugar de subordinación , y que expusieron sus cuerpos y sus vidas para transformar al mundo. Que abrieron sus cuerpos a otras vibraciones, energías y deseos y lograron que surjan nuevas fantasías para dar lugar a otras formas de vida , porque ellas me salvaron de morir de subordinación.
Alejandra Sánchez Cabezas
Vicepresidenta de AASAP
Referencias bibliográficas
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[1] Feliz Guattari. Para acabar con la masacre del cuerpo. Disponible en: https://lobosuelto.com/para-acabar-con-la-masacre-del-cuerpo/?fbclid=IwAR3DSkDybsVKd0cSfoFTcHGwRH3EczX7T_yq3ONk9ZPRM-gQ4Kdghetndhg
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[1] Eladia Blazquez
[1] Roberto Juarroz. Hay que inventar respiraciones nuevas.
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[1] IDIM

