*Por Daniela Álvarez
Las luchas, las conquistas, las vidas y las muertes de mujeres nos trajeron hasta acá, a todas.
Si hoy hemos avanzado en la igualdad de derechos fue por ellas, por poner la voz y el cuerpo, y aún hay mucho trabajo por hacer.
También hemos llegado hasta acá por lo que permaneció invisibilizado, recluido a lo doméstico, a la esfera privada: las tareas de cuidado constituyen tareas que hacen mayoritariamente las mujeres de forma no remunerada, refuerzan desigualdades e impactan negativamente en las condiciones para su acceso a la educación, al trabajo, a la salud, a la movilidad social y económica, al sistema previsional, a la recreación, a la participación política, al buen vivir. Sin embargo ese trabajo no remunerado asume un rol sistémico y basal para la dinámica económica de las sociedades, sobre hombros de mujeres la denominada economía del cuidado genera valor. Valor económico. No es (solo) amor: es trabajo.
En el campo de la salud las tareas de cuidado constituyen una actividad fundamental, imprescindible. Fueron históricamente las mujeres quienes cuidaron la salud de sus grupos, familias, de niñas y niños, de otras mujeres, de los varones, de sus mayores. Quienes acompañaron y acompañan en el acceso al sistema y a la atención de la salud. Mujeres en las redes de accesibilidad y continuidad de la atención y los cuidados. Por esas redes también hemos llegado hasta acá, nos sostienen, nos sostenemos. Tejemos juntas.
Pensar la salud y el sistema en términos integrales es dimensionar efectivamente esta tarea de cuidados, ponerla en valor y no solo valorarla. El concepto de Una Salud da cuenta de la integralidad del campo en todas las expresiones de la vida, los cuidados hacen al sostenimiento de la vida de todas las personas y de las sociedades. Hacerlos sustentables implica avanzar en derechos políticos y económicos que reviertan la división sexo-género del trabajo y las desigualdades la estructuran.
Daniela Álvarez
Directora de Difusión del Conocimiento
Ministerio de Salud de la Nación

