Por Alejandra Sánchez Cabezas*
Incluir a la salud como como un evento vital implica comprender que la salud, la enfermedad y los procesos de cuidado no son hechos aislados, sino expresión de otros procesos sociales que los exceden. Esto significa que no podemos pensar a la salud por fuera de los aconteceres económicos, políticos e ideológicos en el que se haya inscripta. Entender a la salud en este contexto no consiste en yuxtaponer las ciencias sociales a las ciencias biomédicas, ni en medicalizar la vida, sino en repensar la vida y la salud desde otra perspectiva . Desde esta mirada, la ciencia de la salud deja de ser sólo una disciplina biomédica para convertirse en una caja de herramientas que permite aprehender una amplia gama de dimensiones implicadas en la supervivencia de las poblaciones, como las formas de gobierno, la conformación de las relaciones entre Estado y sociedad civil, las maneras de impartir justicia, las condiciones materiales de vida, los modelos de producción, las creencias y las maneras de comunicar, entre otras, analizándolas de acuerdo a su potencia vital.
En el último tiempo una serie de hechos conmocionaron a la sociedad. El juicio de los adolescentes que asesinaron a patadas a Fernando Báez Sosa, por la brutalidad del hecho, y la no menor brutalidad de la respuesta social y mediática; el calvario de Lucio Dupuy (un niño de 5 años torturado, abusado y finalmente asesinado por su madre y su amante); el infierno padecido por una madre y un padre cuya niña de 21 días tuvo una muerte súbita, a pesar de lo cual fueron acusados, sin pruebas, por abuso sexual y golpeados en la cárcel ante la mediatización y difusión de sus nombres.
Estos hechos generaron un sinfín de preguntas y debates en toda la sociedad.
¿Generaron también preguntas en el campo de la salud? Desde mi punto de vista, no las suficientes. Y si bien podrán pensar que, aunque la salud es expresión de la sociedad en la que se vive, no se puede pensar cada hecho social con el cristal de la salud. ¿Es así?
Frente a estos actos, que no son casos aislados, sino que hablan de la sociedad en la que vivimos ¿tenemos las personas que trabajamos en salud algún rol?
Si entendemos a la salud desde la perspectiva de la atención, en la que un equipo de profesionales “atiende” a personas que demandan un servicio para resolver un problema de salud. Estos hechos no tienen casi nada que ver con la salud, salvo por algunos aspectos puntuales. Pero si entendemos al proceso salud-enfermedad desde la perspectiva del cuidado. Nos referimos entonces a una serie de movimientos que parten del sistema sanitario, pero también de la vida de las personas, hacia múltiples sectores (educación, justicia, etc.), hacia otros saberes (ciencias sociales, filosofía, entre otras), a diversos actores (grupos domésticos, pares), y más aún, hacia otras situaciones de la vida cuyo eje no es la enfermedad , . De esta manera, la perspectiva del cuidado se corre de una prestación de mercado y obliga a interpretar la sociedad y los hechos sociales en clave de compromiso incluyente, no de contacto especializado. No se trata de medicalizar la sociedad, sino de entender lo que pasa en la sociedad en clave de implicación. No se trata de extender el campo de la atención a lo que sucede en otras dimensiones sociales, se trata de descifrar a la sociedad en clave de cuidado, se trata de analizar si, como grupo social, estamos incrementando o empobreciendo nuestra capacidad de cuidado, si estamos ampliando o no nuestra capacidad de subsistir como comunidad, si estamos o no potenciando nuestras fuerzas vitales.
Frente a los casos a los que me referí, me pregunto, ¿podemos hacernos cargo de cuidar si no podemos hacernos cargo de lo que generamos como sociedad? ¿podemos cuidar si no podemos identificar a los niños en riesgo, ni podemos acompañar a quienes atraviesan un duelo, porque tenemos avidez por señalar y culpabilizar? ¿podemos cuidar si estamos ocupados/as y ansiosos/as por encontrar culpables a todo lo que sucede? ¿podemos cuidar si no podemos detectar ni frenar la violencia hasta que mata? ¿podemos cuidar y clamar venganza al mismo tiempo?
Neves y Massaro hablan de antropofagia como un movimiento de producción de intolerables que se inscriben en claves sensoriales y éticas, y que tienen como consecuencia que los problemas “se griten”. En esta línea se preguntan cómo entretejer a la salud con los posicionamientos éticos y con el entretejido del funcionamiento social .
Un grupo de adolescentes que fueron dejando señales de violencia y agresión que ninguna persona adulta pudo identificar a tiempo para frenarlas. Un grupo de adolescentes rodeados de grupos de personas adultas que no pudieron conducirlos a un lugar seguro para sí ni para otras personas. Un grupo de adolescentes que, pasados de alcohol, realizaron un brutal asesinato que los llevó a encontrarse con otras personas adultas que sólo querían venganza, que no pensaron en cuidar, ni en reparar, porque, por sobre todo, estaban ansiosas de fama, por ganar, por castigar, o por desligar responsabilidades.
¿Qué sociedad diseñamos? ¿Qué condiciones de existencia y de experiencia reproducimos?
Un niño con lesiones, en una, dos, tres escuelas; yendo a uno, dos, tres centros de salud, caminando por una, dos, tres calles; jugando en una, dos, tres plazas; viviendo en un vecindario con uno, dos, tres familias vecinas.
Unos padres declarados culpables y golpeados por el abuso y asesinato de una niña de 21 días fallecida por muerte súbita, por una sociedad enojada y dispuesta a castigar a quienes le indiquen los noticieros. Una sociedad que grita encolerizada y castiga sin saber, sin esperar pruebas.
No quiero hacer más de lo mismo, no quiero encontrar culpables para señalar, porque no se trata de explicar un hecho por una sola causa, sino a través de las prácticas en las que está anclado .
Pensar a la sociedad desde la perspectiva del cuidado implica entender a la realidad como contingencia histórica. Como un enredo de eventos y movimientos dispares que expresan un choque de fuerzas. Un choque en el que los fenómenos y las cosas adquieren tantos significados y valores como las fuerzas de las que se apropian .
Los adolescentes que mataron a Fernando, el púbico que clama por venganza y las personas adultas que no vieron a Lucio muestran las vibraciones de la vida social cristalizada en ellos. Estos hechos son, por un lado, materializaciones visibles de lo que sentimos y construimos, por efecto o por defecto. Pero por otro, como vientos, producen y reproducen fuerzas, afectos y tempestades.
Frente a estos hechos podemos creer que así son, aparecen como aparecen las tempestades, sin que ninguna persona en particular haya hecho nada para que así suceda. Podemos creer que cada época es manipulada por pequeños grupos activos que sólo piensan en sus mezquinos objetivos inmediatos, ambiciones y pasiones personales. Periodistas con ansias de ratings, funcionarios/as con pocos escrúpulos, abogados con ambiciones políticas, vecindarios distraídos, sistemas de protección incompetentes, clubes inescrupulosos, frente a los cuales nada podemos hacer. ¿No tenemos nada que ver? Podemos creer que son hechos aislados, que nada tenemos que ver, que es la fatalidad la que nos arrolla. Sin embargo, Gramsci dice que cuando esos hechos suceden, algunas personas lloriquean compasivamente, otras maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocas se preguntan: si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas ¿habría ocurrido lo que pasó? Pero nadie o muy pocas personas culpan a su propia indiferencia, a su escepticismo, a no haber ofrecido sus manos y su actividad a los grupos de ciudadanos que, precisamente para evitar ese mal, combatían, proponiéndose procurar un bien .
Sin embargo, son muchas las personas que consideran que estos eventos no se deben al azar, saben que son rastros de fuerzas y afectos que hemos ido construyendo, o dejando que otras personas construyan. Fuerzas y afectos que infiltran los dispositivos de saber, de poder, de afectación y de subjetivación que van construyendo la historia . Saben que no salieron de la nada, que no son sólo fruto de unas pocas personas. Saben que, como los vientos, no provienen de una primera y única intención o como resultado de una sola cosa, sino que muestran “la escena en la que las fuerzas se exponen y se enfrentan, en la que pueden triunfar, pero que también se las puede confiscar” .
Frente a estos hechos, que no son casos aislados, sino que hablan de la sociedad en la que vivimos, las personas que trabajamos en salud tenemos un rol. Podemos seguir pensando que padecemos la realidad, que no somos responsables de lo que sucede y que nada podemos hacer, o podemos sumarnos a quienes están intentando elaborar una nueva forma de pensamiento que se conecte con la vida y se convierta en un renovado sentido común .
La elección es nuestra, la cantidad de energía es la misma.
*Vicepresidenta de AASAP
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