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Marcos Cueto[2] La propuesta de reemplazar o debilitar a la OMS revela una estrategia que podría perturbar la gobernanza sanitaria internacional y agravar las desigualdades en la lucha contra las epidemias. |
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Fueron necesarios tres años, de 1945 a 1948, e intensos debates técnicos entre los principales expertos mundiales en salud pública, incluido el brasileño Geraldo Horácio de Paula Souza y del médico argentino Gregorio Bermann, para crear la Organización Mundial de la Salud como organismo especializado de como organismo especializado de las Naciones Unidas. Este proceso histórico contrasta con el reciente anuncio de un grupo de asesores vinculados a la administración Trump, quienes proponen la creación, aparentemente concebida exclusivamente por funcionarios estadounidenses, de un nuevo organismo internacional destinado a substituir a la OMS o parte de las funciones esenciales de esa agencia.
La propuesta presenta incertidumbres, como el origen de los recursos necesarios para cumbre sus gastos, previstos en U$S 2000 millones por año, cifra muy superior a las contribuciones anuales que anteriormente aportaba los Estados Unidos a la OMS, que era cercade U$S 680 millones en sus contribuciones regulares obligatorias y voluntarias. Tampoco hay claridad sobre como se pretende persuadir a los países europeos, latinoamericanos, africanos y asiáticos a abandonas o reducir su participación en la OMS.
Esta iniciativa se suma a otras medidas recientes contrarias al multilateralismo y a la ayuda humanitaria, como la salida de Estados Unidos de la OMS, o el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional-USAID, los cortes en programas claves como el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), la interrupción del apoyo a la iniciativa de inmunización como el GAVI, la salida del Acuerdo de Paris sobre el Clima y la publicación de la poco conocida Estrategia “America First” de Salud Global, que explicita las directrices de la actual política externa norteamericana en el campo sanitario.
Publicado en septiembre de 2025 por el Departamento de Estado, este documento substituye el paradigma de ayuda internacional por un modelo basado en la expansión de mercados en favor de empresas norteamericanas y en la priorización de la protección de los Estados Unidos contra epidemias originadas en el exterior. El Texto critica la ayuda internacional promovida por la OMS y por otras agencias por supuestamente generar dependencia e ineficiencia, pero sus propuestas tienden a reforzar estas mismas dinámicas al priorizar acuerdos bilaterales y la privatización.
Se prevee, por ejemplo, la continuidad del financiamiento condicionado a la adquisición de productos médicos norteamericanos y el reconocimiento internacional preferencial de tecnologías aprobadas por la Agencia Reguladora de los Estados Unidos (FDA), y no medicamentos genéricos producidos en los países en desarrollo, reduciendo la autonomía regulatoria de otros países y ampliando su dependencia tecnológica.
En el campo de la salud internacional, el documento y la propuesta de creación de una nueva agencia parten de la premisa, muy cuestionable, de que la OMS sería irreformable. Los países en desarrollo y mercados emergentes de Asia y Africa son estigmatizados como el origen de las pandemias o presentados como oportunidades económicas y no como espacios de circulación de saberes, experiencias y cooperación solidaria. Esa visión no considera el papel crucial desarrollado por la organización, frecuentemente en estrecha colaboración con científicos e investigadores norteamericanos, en importantes conquistas como la erradicación de la viruela en 1980, el control del brote del Ébola que evitaron su diseminación pandémica, el enfrentamiento de la reciente pandemia de Covid-19 y los esfuerzos en curso para eliminar la poliomielitis y otras enfermedades. Además de eso, desautoriza y no considera conceptos claves en los cuales el liderazgo de la OMS, nuevamente con sanitaristas e investigadores norteamericanos, fue fundamental, como la Atención Primaria de la Salud, Determinantes Sociales de la Salud, Cobertura Universal y Equidad. La duplicación de estructuras como laboratorios, sistemas de vigilancia epidemiológica y mecanismos de respuesta rápida todos hasta ahora organizados en una perspectiva transnacional, tienden a producir no mayor deficiencia, sino mayor fragmentación institucional, reducción de la transparencia y retardan las respuestas a enfermedades emergentes y no atendidas.
Además de eso, tales iniciativas, cuya implementación permanecen inciertas, contribuyen para la generación de anarquía en la salud global, al fragilizar mecanismos colectivos de gobernanza, a agravar desigualdades y transformar a la salud no solo en mercaderías, sino en un instrumento de poder geopolítico
[1] Una versión en portugués de este articulo ha sido publicada en Carta Capital del 16de marzo de 2026 y está disponible en: https://www.cartacapital.com.br/artigo/anarquia-na-sade-global/
[2] Marcos Cueto es un historiador y profesor universitario peruano que se desempeña como profesor en la Casa Oswaldo Cruz (COC) y la Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz) en la República Federativa del Brasil.

