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Semana del parto respetado: radiografía de la violencia obstétrica en Argentina

A pesar de contar con un marco legal desde 2004, el sistema de atención perinatal continúa regido por la sobremedicalización, el maltrato y la vulneración sistemática de las personas gestantes. ¿Por qué parir sigue siendo una experiencia hostil?

En la Argentina, las personas gestantes cuentan con un marco legal sólido: la Ley de Parto Respetado N° 25.929 garantiza derechos fundamentales como recibir información clara, evitar intervenciones innecesarias y estar acompañada por una persona de confianza; mientras que la Ley de Protección Integral a las Mujeres N° 26.485, sancionada en 2009, define explícitamente a la violencia obstétrica como aquella ejercida por el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado y una patologización de los procesos naturales.

Sin embargo, la distancia entre lo que establece la ley y lo que ocurre en las salas de parto es alarmante. Diversos relevamientos y denuncias exponen que la violencia obstétrica es una de las modalidades más invisibilizadas y naturalizadas dentro del sistema médico, convirtiendo un hecho trascendental en un escenario de vulneración institucional. 

La magnitud del problema se refleja también en los indicadores más duros: según las Estadísticas Vitales 2024 del Ministerio de Salud de la Nación, la mortalidad materna aumentó un 37% respecto al año anterior, alcanzando el valor más alto desde 2010 en un contexto de creciente deterioro del acceso y el financiamiento del sistema sanitario.

Los números de la violencia

El maltrato no siempre es físico; el lenguaje y la manipulación psicológica operan como la primera forma de violencia. Según estadísticas del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVOA) relevadas entre 2023 y 2024, el 46% de las personas gestantes manifestó haber sufrido maltrato psicológico y verbal durante su atención.

Frases desafortunadas y conductas descalificadoras transforman las experiencias de los nacimientos en un sufrimiento. El informe detalla que el 69% de las mujeres sufrió el uso de sobrenombres o diminutivos paternalistas (como "mamita", "nena" o "gorda") que las despojan de dignidad. Peor aún, el 54% sufrieron de manipulación psicológica a través de frases orientadas a hacerles sentir que ellas o sus bebés corrían peligro, una estrategia para lograr que acepten prácticas quirúrgicas innecesarias.

El derecho básico al acompañamiento tampoco queda garantizado de forma unánime: 3 de cada 10 mujeres no pudieron estar acompañadas durante el trabajo de parto, y 4 de cada 10 atravesaron el parto o la cesárea en total soledad afectiva, rodeadas únicamente por personal médico desconocido.

Una cantidad de tomas de decisiones sin autorización

Uno de los ejes centrales de la violencia obstétrica radica en la medicalización rutinaria de procesos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga como naturales. En lugar de usar la tecnología médica ante emergencias justificadas, las intervenciones de rutina se despliegan en forma de dominó. Según datos provenientes de la encuesta de atención al parto/cesárea del OVOA:

  • Confinamiento a la camilla: El 70% de las mujeres reportó no haber tenido libertad de movimiento durante el parto, siendo obligadas a parir en posición ginecológica. Los datos demuestran el beneficio de la autonomía: de aquellas mujeres que sí pudieron moverse libremente en el trabajo de parto, solo el 14% terminó en cesárea.

  • Aceleración artificial: Al 70% de las encuestadas se les rompió la bolsa de manera artificial y a un 64% se les suministró oxitocina sintética para apurar los tiempos biológicos, una cifra abismalmente superior al estándar recomendado por la OMS, que sitúa el uso justificable de oxitocina entre el 5% y el 10% de los casos.

  • Maniobras peligrosas y cortes de “rutina”: El 60% de las mujeres sufrió una episiotomía (un corte en el periné) que asciende al 85% en el caso de las primerizas). Asimismo, a 3 de cada 10 se les practicó la maniobra de Kristeller (presión física sobre el abdomen de la madre), una práctica categóricamente desaconsejada y peligrosa para la salud de la mujer.

La vulneración de la mujer se termina de consolidar con la falta de información: el 85% de las mujeres afirmó no haber recibido información completa, adecuada y oportuna sobre los procedimientos que les practicaban. Las estadísticas de falta de consentimiento son alarmantes: el 80% de las episiotomías y el 90% de las maniobras Kristeller se realizaron sin autorización ni aviso previo a la paciente.

Parir con voz, parir con orgullo

Los números evidencian que la violencia obstétrica trasciende la conducta individual de un profesional aislado; se trata de una problemática de índole estructural y cultural asentada sobre un modelo de atención perinatal hegemónico y de raíces patriarcales. 

 

Garantizar partos respetados no implica rechazar la medicina, sino devolverle la dignidad, la soberanía y el protagonismo a la persona gestante, erradicando prácticas antiguas en pos de una atención humanizada que priorice los derechos humanos, la salud integral y la dignidad de las familias. Ese es el espíritu del lema que este año nos convoca: parir con voz, parir con orgullo. Desde el Consejo de Derechos Sexuales y Reproductivos de AASAP asumimos ese compromiso, y con esta campaña de testimonios invitamos a todo el sistema de salud a escuchar, reflexionar y ser parte de la reparación. 

©2026 Asociación Argentina de Salud Pública

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