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El 4 de julio fue el Día de la Médica y del Médico Rural

El Dr. Daniel Esteban Manoukian escribió un texto en honor al Dr. Esteban Laureano Maradona, médico rural.

El doctor que perdió el tren y se ganó el cielo

Esteban Laureano Maradona, nació en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe, el 4 de Julio de 1895. 

Don Esteban Laureano provenía de una familia de buen pasar económico, con orígenes en San Juan y con una arraigada vocación política. En efecto, varios integrantes de su familia, tuvieron un importante y activo papel en la vida política de San Juan. José Ignacio Maradona, un antepasado directo de Esteban Laureano, formó parte de la Junta Grande de 1810 como representante de su provincia y luego en 1820 fue electo gobernador de la misma. 

Siendo muy chico su padre se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, donde Maradona completó sus estudios primarios y secundarios. Ya a los 16 años tenía militancia política como afiliado al Partido Unitario. De esa época se conocen textos de su autoría sobre temas vinculados a la problemática social del país como así también referidos a la historia nacional.

Se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires, y en 1930, luego de rechazar varias convocatorias para seguir su carrera en la capital, se instaló en la ciudad de Resistencia.

Durante su etapa de estudiante de medicina, estimulado por su profesor de Dermatología, Maximiliano Aberastury, participó de una campaña contra la lepra divulgando información acerca de esa enfermedad por todo el litoral argentino. Esa experiencia le permitió conocer la cruda realidad social de la Argentina profunda, y apreciar la increíble marginalidad y olvido en que vivían algunos compatriotas.

Luego de dos años en el Chaco, trabajado como médico y escribiendo para un periódico local artículos de corte político y social, que le valieron el rechazo de algunos políticos locales que no comulgaban con sus ideas unitarias, pero que, sobre todo, no coincidían con su crítica mirada respecto de las condiciones de algunos trabajadores. Fue así que en 1932 se trasladó al Paraguay, donde ofreció sus servicios profesionales a la Sanidad del Paraguay, atendiendo y curando a los soldados que caían en los campos de batalla, sin importar que fueran bolivianos o paraguayos. Renunciando al cargo que se le ofreció como jefe del Hospital Naval del Paraguay, al culminar la guerra en 1935, regresó a la Argentina, donando todos sus ahorros para construir la colonia de leprosos de la Isla del Cerrito.

Buscando conocer el norte argentino y encontrar a su hermano Juan Carlos Maradona, por entonces intendente de Tucumán, tomó el tren que unía la ciudad de Formosa con Embarcación, Salta. Ese tren contemplaba una parada en la estación “Km 234”, llamada Guaycurú, junto al río homónimo en el departamento Estero Patiño, con el objetivo de aprovisionarse de agua y leña para seguir hasta Salta. Ese paraje, actualmente conocido como Estanislao del Campo, contaba por entonces con unas pocas casas y una población nativa de indios nómades.

Una situación especial actuó como bisagra en la vida de Esteban Laureano. Así lo cuenta él: 

“Descendí para estirar las piernas. Un grupo de personas preguntaba a voz en cuello si algún pasajero se animaba a asistir a una parturienta en estado de gravedad… tome mi maletín. Subí a un sulky… el parto fue difícil, la parturienta en verdad estaba grave, se llamaba Mercedes Almirón y a mano saqué esa criatura, una nena … Tenía eclampsia y sufría violentas convulsiones. La traté y finalmente la hemorragia se detuvo. Cuando enfilé a la boletería para sacar pasaje para el día siguiente una verdadera multitud zaparrastrosa clamaba por ser atendida… en fin amigo, mi historia es simple: me arremangué, empecé a atender, y me quede con ellos durante cuarenta y cinco años”

La atención del parto significó la pérdida del tren de frecuencia semanal y el contacto con una necesidad, con un desafío, con un paisaje y un trabajo para mitigar dolor y restañar heridas. Allí estaba todo lo que él necesitaba y estaban todos los que necesitaban de él. La magia del monte se lo ganó, y su gente, sus pájaros, sus plantas, sus insectos, sus misterios lo retuvieron cincuenta años.

 Durante 25 años, vivió en Estanislao del Campo, donde no sólo atendió a los indígenas tobas, wichis, pilagás y de otras etnias de la zona, también estudió sus costumbres e incorporó a sus conocimientos los de la medicina tradicional de los pueblos originarios. 

Maradona se ocupó de manera integral de las complejas situaciones que influenciaban la salud las personas que asistía. Se involucró con los pueblos originarios aprendiendo su lengua, escuchando sus historias y cosechando una extraordinaria confianza, necesarias en cualquier relación médico-paciente.

Fue un ávido observador y estudioso de la fauna y flora de la región incursionando en etnobotánica y etnozoología. Dejó testimonio de sus luchas y obras en varios libros, pero fundamentalmente se lo recordará siempre porque su vida fue un ejemplo de lucha y altruismo, de entrega por los demás.

A los 90 años, cuando los dolores de un cuerpo ya entumecido le hicieron partir a su pesar, se despidió sencillamente de su gente y se tomó un ómnibus para Santa Fe. 

Casi nueve años después, pisando el siglo de vida, con la lucidez que lo acompañó siempre resumió su vida en un párrafo cuya sencillez y grandeza estremecen: 

“Así viví muy sobriamente cincuenta y tres años en la selva, hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos. Creo que no hice ninguna otra cosa más que cumplir con mi deber”. 

Lo homenajeamos recordando algo de su pensamiento expresado en estas frases: 

“Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado. Yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes”.

“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado”.

En homenaje a este gigante de la Medicina Social, el 4 de julio se conmemora el Día del Médico Rural. ¡Honor y gloria al Dr. Esteban Laureano Maradona!

Chos Malal, Neuquén

04 de julio de 2024

Bibliografía

Lipera, María Victoria y Young, Pablo (2014). Esteban Laureano Maradona (1895-1995) El médico rural. Fronteras en Medicina, año 2014, volumen IX, número 1.

Disponible en: 

https://adm.meducatium.com.ar/contenido/articulos/18800260032_1347/pdf/18800260032.pdf

Olivera, Justo Lindor (1998). Doctor Maradona. Editorial Corregidor. Buenos Aires, Argentina.

Pigna, Felipe y Pacheco, Mariana (2024). Esteban Maradona, un médico rural de la selva.

Disponible en:

https://elhistoriador.com.ar/esteban-maradona-un-medico-rural-de-la-selva/

Pignatelli, Adrián (2023). La historia de Esteban Laureano Maradona: un tren que lo cambió todo y cómo se convirtió en el “doctor Dios”. InfoBAE. Buenos Aires, Argentina.

Disponible en: https://www.infobae.com/sociedad/2023/07/04/la-historia-de-esteban-laureano-maradona-un-tren-que-lo-cambio-todo-y-como-se-convirtio-en-el-doctor-dios/ 

Rodríguez Borner, Santiago (1997). Capítulos. Investigación inédita sobre la vida del Dr. Esteban Laureano Maradona. Buenos Aires, Biblioteca Nacional, pág. 27-28.

Teglia, Osvaldo (2022). Maradona, el médico rural que cambió la vida de los aborígenes del monte formoseño. ElDiarioAR.

Disponible en:

https://www.eldiarioar.com/sociedad/maradona-medico-rural-cambio-vida-aborigenes-monte-formoseno_1_9142545.html

Wagner, Eduardo (2019). El otro Maradona, el desconocido universal. El litoral.

Disponible en:

https://www.ellitoral.com/informacion-general/maradona-desconocido-universal_0_fEy5jekaFt.html

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