Por el Mg. Enrique Mansilla y la Mg. Patricia Roussel (*)
El origen de esta celebración implica necesariamente rememorar parte de nuestra historia. Esta fecha se remonta a una Argentina del siglo XVIII, cuando en aquellos días en la ciudad de Buenos Aires se realizaba todos los 21 de noviembre una procesión por las calles céntricas, y posteriormente se celebraba una misa en honor a la Virgen de los Remedios. En ocasiones, las enfermeras participaban activamente de ellas.
Muchos años después, precisamente en el año 1935, se conforma la Federación de Asociaciones Profesionales Católicas de Enfermería, que tomó como patrona de la institución a “Nuestra Señora de los Remedios”.
Finalmente, en el año 1953 la Asociación de Enfermería de la Capital Federal y la Asociación Católica de Enfermeras logran que se instituya formalmente, a través de la resolución ministerial N° 31397, el día 21 de noviembre como el Día Nacional de la Enfermería Argentina.
El 31 de diciembre de 2019, el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) y Nursing Now –una campaña global lanzada en el año 2018– instaba a los gobiernos a hacer de 2020 un año histórico para la salud, en el camino hacia el cumplimiento de la gran promesa de la cobertura sanitaria universal. Claramente la petición estaba orientada a que los líderes mundiales realizaran inversiones masivas en enfermería y partería, para allanar el camino hacia un futuro esperanzador para la salud mundial.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) compartía esa necesidad manifestada por el CIE y declaró al 2020 como el “Año de la Enfermera y la Partera”. Lo hizo al sostener que el trabajo de las enfermeras y parteras era la clave para la consecución del objetivo de la OMS, pues desempeñan un papel fundamental en la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y la prestación de atención sanitaria en todos los ámbitos.
En definitiva, el año 2020 aparecía como un año para celebrar, pues además se cumplirían 200 años del nacimiento de nuestra líder Florence Nightingale, ocurrido el 12 de mayo de 1820. Para ello, las Asociaciones Nacionales de Enfermería de todo el mundo planificaron cientos de eventos con la finalidad de conmemorar y celebrar el Año de la Enfermería.
Pero la historia dirá que durante el mes de enero del 2020 la humanidad se enfrentaría a una pandemia sin precedentes, no solo por su magnitud a gran escala de contagios, si no por haber paralizado la actividad mundial de un mundo absolutamente globalizado.
Y allí, en un escenario absolutamente adverso, el colectivo de Enfermería debió –como tantas otras veces–, no sólo ponerle el cuerpo al cuidado de la salud de las personas, sino que en esta oportunidad tuvimos que poner nuestras propias vidas al servicio de la comunidad, siendo actores principales en el acto del cuidado.
Pudimos visualizar, por primera vez y de manera histórica, la importancia de nuestra profesión en todos los niveles de atención: la atención crítica con cuidados progresivos y la intervención clave en el primer nivel de atención, impulsando actividades de prevención y promoción de la salud. A eso se sumó el desarrollo estratégico de una campaña de vacunación mundial que seguramente la historia pondrá en valor como el programa de inmunización más importante de la historia.
El conjunto de estas acciones generó un impacto positivo en la salud pública, y el haber gestionado adecuadamente la crisis, nos permitió y permite actualmente transitar una nueva realidad. Pudimos planificar nuevos horizontes como profesionales de la salud, con un anclaje fuerte en el trabajo en equipo, interdisciplinario e intersectorial.
(*) Presidente y secretaria del Consejo de Enfermería de AASAP

