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50 años del Golpe: el laboratorio de las Abuelas y una genética a puro corazón

Mary-Claire King y Víctor Penchaszadeh fueron dos de las piezas fundamentales de un rompecabezas en el que confluyen ciencia, justicia y derechos humanos. El recuerdo de un encuentro inolvidable con Estela de Carlotto y Chicha Mariani.

En el mundo, la ciencia argentina es reconocida, especialmente, por sus aportes en la restitución de identidades de nietos apropiados durante la última dictadura. A medio siglo del golpe, las marcas del terrorismo de Estado y los discursos negacionistas todavía son combatidos, a partir de la última evidencia científica disponible. Desde un comienzo y durante décadas, hubo muchas figuras del campo de la investigación que hicieron posible el anhelo de memoria, verdad y justicia que las Abuelas llevaban como antorcha. Dos de las más relevantes fueron Mary-Claire King y Víctor Penchaszadeh: referencias ineludibles y protagonistas del Índice de Abuelidad, que permitió, a la fecha, que buena parte de los 140 nietos y nietas reconstruyan su historia. Exactamente 117, desde la nieta 23.

King nació en Chicago en 1946 y pronto supo que estaba hecha para la ciencia: primero estudió matemáticas y luego se doctoró en genética. De hecho, treinta y tantos años después, para cuando las Abuelas depositaron su confianza en ella, ya era una joven investigadora de renombre. Por caso, estudiaba el gen BRCA1, llave para comprender cáncer hereditario de mama y ovario, fundamental para el posterior desarrollo de tratamientos dirigidos; además había señalado que en el marco de la biología evolutiva, chimpancés y humanos tenían en común nada menos que el 99 por ciento del ADN.

Con esta experiencia a cuestas y, entrenada en los últimos avances de genética aplicada, King se convirtió en la madrina de una fórmula matemática pulida que, luego de mucho desarrollo y cerebro, se conoció como Índice de abuelidad. Ante la ausencia de madres y padres desaparecidos, los avances que impulsó permitieron trazar parentescos a partir del vínculo que unía abuelas y nietos.

El trabajo de King fue tan impecable como comprometido. Como reconocimiento a su tenacidad y talento, entre otras distinciones fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias en Investigación Científica y Técnica, la “medalla de bienestar público” de parte de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. y el doctorado honoris causa de la UBA.

Encuentro definitivo

Sin embargo, esta historia feliz que une ciencia y derechos humanos no se hubiera contado si en el medio no hubiera aparecido un actor clave: el genetista argentino Víctor Penchaszadeh. Un médico pediatra con posgrados en genética humana, bioética y salud pública, que debió exiliarse a Venezuela y luego a Estados Unidos, tras ser perseguido por la Triple A. A fines de 1975, en pleno centro palermitano, cuando caminaba rumbo a su consultorio, lo abordaron unos hombres, lo amordazaron, le vendaron los ojos e intentaron llevarlo. Afortunadamente, el secuestro no salió como esperaban los captores y pudo huir. El vehículo en que debían llevarlo no estaba listo y Víctor ahí supo que sí estaba listo, pero para irse del país.

Exiliado en EE.UU., a través del contacto de Emilio Mignone y “Yoyi” Epelbaum, se reunió en 1982 con Estela de Carlotto y Chicha Mariani en un bar de Nueva York. Víctor Penchaszadeh lo recuerda a Página/12: “En noviembre de 1982, para cuando Chicha y Estela llegaron a Nueva York, yo vivía allí. Me estaban buscando y nos reunimos en el Hotel Lexington. Me expresaron su preocupación sobre cómo se podría identificar a sus nietos si sus padres no estaban, cuando llegara la democracia. La preocupación de las Abuelas venía desde antes, porque habían estado haciendo consultas en Europa y les habían dicho que no se podía sin los padres”. Y continúa con el relato: “Les dije, en cambio, que eso que les habían dicho en Europa estaba equivocado, porque todas las personas tienen genes derivados de los cuatro abuelos y de sus padres. Era cuestión de adaptar la fórmula que se estaba usando para el índice de paternidad. Ahí les comenté de Marie Claire King, que era muy amiga mía, y les dije que me pondría en contacto”.

A la distancia, el genetista argentino atesora esa conversación y la rememora como un encuentro tan intenso como emotivo. Casi al unísono, tiene grabado en su mente, cuando ambas le dijeron: “Vos que sos argentino, genetista y vivís en el centro del mundo, ¿crees que podrás encontrar algo más importante a lo que dedicarte que a buscar la manera de que podamos identificar a nuestros nietos?”.

Para Penchaszadeh esa pregunta llegó envuelta de mandato. “Creo que logré calmarlas un poco, porque estaba realmente seguro de que era factible lo que les proponía. Bastaba obedecer a las leyes de herencia, medir grupos sanguíneos y los antígenos de histocompatibilidad, pero con las abuelas. El resto es historia”, destaca.

El mejor experimento de todos

El interrogante de las Abuelas era sencillo: ¿cómo hallar a los nietos y nietas apropiados por dictadores y cómplices si sus padres y madres estaban desaparecidos? Pequeños cuyos captores se habían tomado el trabajo de cambiarles la identidad. Penchaszadeh sabía que la ciencia estaba de su lado, pero para ello necesitaba hacer contacto con King y reunir un equipo.

Desde California, King trabajó con un conjunto de genetistas poblacionales en una solución. Participaron el italiano Luca Cavalli-Sforza, el chileno Cristian Orrego y el francés Pierre Darlu. Las características genéticas de un hijo debían estar presentes en ambos padres. No obstante, ante la desaparición de ellos, el azar tendría una cuota mayor. En vez de comparar el ADN del nieto o nieta con otros dos (con el de sus padres) había que hacerlo con cuatro (con el de sus abuelos).

Para mediados de 1983, la nueva fórmula estaba lista, pero había que probarla. Así que al año siguiente, King llegó a Argentina y se contactó, entre otras, con Ana María Di Lonardo, jefa de inmunología del Hospital Durand. En su laboratorio, finalmente, se realizó la primera identificación.

La fórmula fue un éxito: la primera nieta hallada gracias al Índice de abuelidad tenía nombre y apellido. Se trató de Paula Logares. Tres años más tarde, se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos que, precisamente, atesora, los registros genéticos de las abuelas y, en el presente, es crucial para comprobar nuevos vínculos biológicos con aquellas personas que todavía tengan dudas con respecto a su historia y su identidad.

Desde ese momento, en colaboración con entidades como el Equipo Argentino de Antropología Forense, se restituyó la identidad de 140 nietos y nietas. De ellos, se estima que 117 fueron identificados gracias a las herramientas provistas por la ciencia y promovidas por figuras como King y Penchaszadeh. Científicos que entregaron su cerebro y su compromiso a contribuir con una de las causas más justas de todas. El experimento feliz de las Abuelas.

 

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Anarquía en la Salud Global [1]

 

 

Marcos Cueto[2]

La propuesta de reemplazar o debilitar a la OMS revela una estrategia que podría perturbar la gobernanza sanitaria internacional y agravar las desigualdades en la lucha contra las epidemias.

 

 

Fueron necesarios tres años, de 1945 a 1948, e intensos debates técnicos entre los principales expertos mundiales en salud pública, incluido el brasileño Geraldo Horácio de Paula Souza y  del médico argentino Gregorio Bermann, para crear la Organización Mundial de la Salud como organismo especializado de como organismo especializado de las Naciones Unidas. Este proceso histórico contrasta con el reciente anuncio de un grupo de asesores vinculados a la administración Trump, quienes proponen la creación, aparentemente concebida exclusivamente por funcionarios estadounidenses, de un nuevo organismo internacional destinado a substituir a la OMS o parte de las funciones esenciales de esa agencia.

 

La propuesta presenta incertidumbres, como el origen de los recursos necesarios para cumbre sus gastos, previstos en U$S 2000 millones por año, cifra muy superior a las contribuciones anuales que anteriormente aportaba los Estados Unidos a la OMS, que era cercade U$S 680 millones en sus contribuciones regulares obligatorias y voluntarias.  Tampoco hay claridad sobre como se pretende persuadir a los países europeos, latinoamericanos, africanos y asiáticos a abandonas o reducir su participación en la OMS.

 

Esta iniciativa se suma a otras medidas recientes contrarias al multilateralismo y a la ayuda humanitaria, como la salida de Estados Unidos de la OMS, o el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional-USAID, los cortes en programas claves como el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), la interrupción del apoyo a la iniciativa de inmunización como el GAVI, la salida del Acuerdo de Paris sobre el Clima y la publicación de la poco conocida Estrategia “America First” de Salud Global, que explicita las directrices de la actual política externa norteamericana en el campo sanitario.

 

Publicado en septiembre de 2025 por el Departamento de Estado, este documento substituye el paradigma de ayuda internacional por un modelo basado en la expansión de mercados en favor de empresas norteamericanas y en la priorización de la protección de los Estados Unidos contra epidemias originadas en el exterior. El Texto critica la ayuda internacional promovida por la OMS y por otras agencias por supuestamente generar dependencia e ineficiencia, pero sus propuestas tienden a reforzar estas mismas dinámicas al priorizar acuerdos bilaterales y la privatización.

 

Se prevee, por ejemplo, la continuidad del financiamiento condicionado a la adquisición de productos médicos norteamericanos y el reconocimiento internacional preferencial de tecnologías aprobadas por la Agencia Reguladora de los Estados Unidos (FDA), y no medicamentos genéricos producidos en los países en desarrollo, reduciendo la autonomía regulatoria de otros países y ampliando su dependencia tecnológica.

 

En el campo de la salud internacional, el documento y la propuesta de creación de una nueva agencia parten de la premisa, muy cuestionable, de que la OMS sería irreformable. Los países en desarrollo y mercados emergentes de Asia y Africa son estigmatizados como el origen de las pandemias o presentados como oportunidades económicas y no como espacios de circulación de saberes, experiencias y cooperación solidaria. Esa visión no considera el papel crucial desarrollado por la organización, frecuentemente en estrecha colaboración con científicos e investigadores norteamericanos, en importantes conquistas como la erradicación de la viruela en 1980, el control del brote del Ébola que evitaron su diseminación pandémica, el enfrentamiento de la reciente pandemia de Covid-19 y los esfuerzos en curso para eliminar la poliomielitis y otras enfermedades. Además de eso, desautoriza y no considera conceptos claves en los cuales el liderazgo de la OMS, nuevamente con sanitaristas e investigadores norteamericanos, fue fundamental, como la Atención Primaria de la Salud, Determinantes Sociales de la Salud, Cobertura Universal y Equidad. La duplicación de estructuras como laboratorios, sistemas de vigilancia epidemiológica y mecanismos de respuesta rápida todos hasta ahora organizados en una perspectiva transnacional, tienden a producir no mayor deficiencia, sino mayor fragmentación institucional, reducción de la transparencia y retardan las respuestas a enfermedades emergentes y no atendidas.

 

Además de eso, tales iniciativas, cuya implementación permanecen inciertas, contribuyen para la generación de anarquía en la salud global, al fragilizar mecanismos colectivos de gobernanza, a agravar desigualdades y transformar a la salud no solo en mercaderías, sino en un instrumento de poder geopolítico

 

 


[1] Una versión en portugués de este articulo ha sido publicada en Carta Capital del 16de marzo de 2026 y está disponible en: https://www.cartacapital.com.br/artigo/anarquia-na-sade-global/

[2] Marcos Cueto es un historiador y profesor universitario peruano que se desempeña como profesor en la Casa Oswaldo Cruz (COC) y la Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz) en la República Federativa del Brasil.

 

 

31 de marzo: Día Internacional de la Visibilidad Transgénero

Mg. Meder, Marcela I.

 

“En estos tiempos de oquedad

De oscuridad iluminada

De distracción a perpetuidad

De imbecilidad tan programada

(...) Vas a bailar”

Ciro

 

De pronto, un día despertamos con la noticia que esa persona con la convivimos durante más de una década, no era quien pensábamos. Entonces se apuna el corazón, por un rato. Luego, descubrimos, entendemos, y reconocemos (buen eufemismo de “respetamos”) que es otra, otro u otre. Pero el amor es el mismo, un mismo amor.

El 31 de marzo, desde 2009, se conmemora a nivel internacional el Día de la Visibilidad Travesti-Trans, una fecha orientada a promover la visibilización de las identidades travestis y trans, así como a generar conciencia sobre las múltiples formas de vulneración de derechos que afectan a este colectivo. En Argentina, esta jornada se ha consolidado como un momento de reflexión pública acerca de las persistentes situaciones de estigmatización, discriminación, violencia institucional y social, así como de los discursos y crímenes de odio que continúan atravesando las vidas de muchas personas travestis y trans.

En este marco, resulta imprescindible incorporar la perspectiva de niñeces y adolescencias travestis, trans y no binarias, cuyas trayectorias vitales suelen estar marcadas por procesos de vulneración temprana. Las dificultades para el reconocimiento de la identidad de género, la falta de información en los entornos familiares y educativos, y la persistencia de prejuicios sociales generan escenarios de exclusión que pueden afectar el bienestar emocional, el acceso pleno a derechos y la construcción de proyectos de vida. A pesar de los avances normativos en el país, entre ellos el reconocimiento del derecho a la identidad de género, las experiencias cotidianas de muchas infancias y adolescencias trans continúan atravesadas por barreras simbólicas, institucionales y culturales.

En este sentido, la consigna que acompaña cada año esta conmemoración invita no solo a visibilizar, sino también a reconocer las condiciones sociales que producen desigualdad y a promover prácticas de acompañamiento que garanticen entornos seguros y respetuosos para las personas travestis y trans desde edades tempranas. La visibilidad, entendida como herramienta política y social, se vincula así con la necesidad de fortalecer redes de apoyo que permitan contrarrestar los efectos del aislamiento y la exclusión.

En los últimos años han surgido diversas experiencias comunitarias orientadas a acompañar estos procesos. Entre ellas se destaca Familias Trans-Formadas, un espacio de contención y acompañamiento destinado a familias de niñeces y adolescencias travestis y trans. Esta grupa surge como respuesta a la necesidad de contar con ámbitos de escucha activa, intercambio y orientación frente a las inquietudes, temores y desafíos que pueden aparecer en el proceso, no solo de transición sino también de reconocimiento y acompañamiento de las identidades de género.

Una característica central de este espacio es que está constituido por familias que ya han transitado estas experiencias y transformaciones, lo que posibilita la construcción de un acompañamiento basado en la empatía, la experiencia compartida y el conocimiento situado. En muchos casos, estos recorridos se atravesaron inicialmente en soledad, en contextos marcados por la falta de información y de redes de apoyo. A partir de estas vivencias, Familias Trans-Formadas se propone generar un ámbito colectivo que permita transformar esas experiencias individuales en prácticas de acompañamiento solidario, favoreciendo el intercambio entre familias y promoviendo entornos más inclusivos para las niñeces y adolescencias travestis y trans.

De este modo, la conmemoración del Día de la Visibilidad Travesti-Trans no solo invita a reflexionar sobre las desigualdades persistentes, sino también a reconocer y fortalecer las redes comunitarias y familiares que trabajan cotidianamente para garantizar el derecho a la identidad, al respeto y a una vida libre de violencias para todas las personas.

PrEP bajo ataque: más estigma sobre el VIH y una discusión que vuelve del siglo pasado

El retroceso en materia de derechos de las políticas de La Libertad Avanza impacta en comunidades históricamente golpeadas como la comunidad LGBTIQ+. La PrEP --profilaxis preexposición-- que reduce en hasta un 99% el riesgo de adquirir VIH, volvió al centro de la discusión no por un avance , sino por el resurgimiento de un moralismo bastante podrido: voces dentro del propio colectivo afirman que el Estado “no tiene que pagar” un medicamento que —según ellos— “fomenta la promiscuidad”, “la falta de cuidados” o incluso supuestos “morbos”.

La realidad es bastante más cruda: el Gobierno nacional presentó un presupuesto 2026 que consolida el desamparo del Programa 22, incumpliendo la Ley Nacional 27.675 y el Fallo Benghalensis.

Ese desfinanciamiento no es un tecnicismo contable, es un retroceso con consecuencias letales: agrava la crisis, debilita la prevención y deja a miles de personas sin el acceso básico que el sistema público está obligado a garantizar. Respecto al PrEP, no se prevén compras, tampoco de PEP —de postexposición—, dejando sin prevención a más de 11 mil personas.

Pero vayamos a la génesis de esta historia: ¿por qué todos hablan repentinamente de la PrEP y por qué a varios les nació la urgencia de señalar con el dedo a quienes la toman, juzgando su intimidad o dando por sentado que “no se cuidan”? Todo estalló días después de la última Marcha del Orgullo de Buenos Aires, que llamó a sostener “más orgullo y unidad” frente al discurso homoodiante del gobierno de Javier Milei.

Poco después, se viralizó un informe de la Fundación GEP —Grupo Efecto Positivo por sus siglas— que denunció que el presupuesto 2026, que el oficialismo busca aprobar en sesiones extraordinarias tras su victoria legislativa, promueve “el abandono estatal de la respuesta al VIH, Hepatitis, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual”.

Para sorpresa de muchos, una parte de la propia comunidad LGBTIQ+ desconocía que el Estado garantiza la prevención y el cuidado de personas en situación de vulnerabilidad frente a enfermedades de transmisión sexual. Los detalles del informe actuaron como un cóctel molotov: reactivaron prejuicios, encendieron debates internos y habilitaron que decenas de personas cuestionaran políticas que salvan vidas y que permiten que miles vivan con mayor bienestar, dignidad y sin el peso del estigma.

La PrEP, un derecho consagrado y una herramienta de prevención combinada

Pero para entender el surgimiento de esta nueva “discriminación” interna dentro del propio colectivo homosexual, hay que volver a las bases. La profilaxis pre-exposición (PrEP) es una de las estrategias de prevención del VIH más reconocidas y eficaces del mundo. Su particularidad es esencial: está destinada exclusivamente a personas que no contrajeron el virus, pero que tienen prácticas o situaciones de exposición que podrían implicar riesgo de transmisión.

¿Cómo se toma? Es un comprimido antirretroviral de uso diario, una dosis cada 24 horas, siempre a la misma hora. No funciona “creando defensas”, como se suele simplificar: la PrEP bloquea el VIH e impide que el virus se establezca en el organismo en caso de exposición, evitando que infecte las células del sistema inmunológico y deteniendo su replicación.

La evidencia internacional es contundente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la PrEP como parte central de la prevención combinada, junto con el preservativo, la vacunación, el testeo temprano y la detección de otras ITS. Y en Argentina, además, la PrEP no es un privilegio ni un beneficio discrecional: es un derecho consagrado en la Ley 27.675.

Natalia Nelson, abogada del Servicio de Atención Personalizada de la Fundación Huésped, explica a Página|12: “La PrEP forma parte de la prevención combinada, igual que el preservativo, y el Estado es el garante de que cualquier persona pueda acceder sin barreras al tratamiento integral que necesita”, remarca.

La ley no deja zonas grises: independientemente de la cobertura que se tenga, todas las personas deben poder acceder a la profilaxis sin discriminación ni obstáculos administrativos.

Nelson advierte además que actualmente el problema no es solo presupuestario, sino estructural: la falta de educación sexual integral y el acceso desigual al sistema de salud generan brechas profundas que terminan dejando afuera justamente a quienes más necesitan estas herramientas de prevención. “Nuestro trabajo apunta a fortalecer la prevención. Y cuando hablamos de fortalecer la prevención, hablamos también de impacto económico: es muchísimo más apropiado —y más inteligente— invertir en evitar nuevas infecciones que afrontar los costos que supone no hacerlo”, enfatiza.

Un presupuesto 2026 que deja de lado la prevención

Con el triunfo de la administración libertaria en las elecciones legislativas de octubre pasado —lo que se traduce en más bancas para avanzar con la agenda de ajuste— comenzaron a conocerse los primeros detalles del presupuesto 2026, el primero elaborado íntegramente por Javier Milei tras prorrogar el de 2023 para los años 2024 y 2025. Y como era previsible, las novedades sobre los programas de respuesta al VIH, Hepatitis, Tuberculosis e ITS no solo son negativas: en algunos casos, son directamente inexistentes.

Según alertó la Fundación GEP, el presupuesto proyectado para el Programa 22 será de $62.087.000.000, equivalentes a U$S 43.650.000 al tipo de cambio oficial. En comparación con el presupuesto estimado para 2024 (U$S 70.750.591), esto implica una reducción del 38% en dólares en un programa que depende casi por completo de insumos internacionales. La caída es aún más grave cuando se observa su peso dentro del Gobierno: el Programa 22 pasará a representar apenas el 2% del presupuesto total, cuando en 2023 representaba el 4,8%.

Las metas del presupuesto 2026 confirman un retroceso deliberado: se planifica atender a 71.500 personas con VIH, cuando en 2024 se atendieron 79.170; se recortan 23 millones de preservativos, en pleno aumento de sífilis y otras ITS tras la falta de compras en 2024/2025; se elimina la producción de materiales educativos, anulando la prevención comunitaria; y como broche final, no se prevén compras de PrEP ni PEP, dejando sin prevención a más de 11.000 personas que hoy dependen de esas herramientas para no adquirir el virus.

José María Di Bello, psicólogo y prosecretario de la mencionada organización, explica a este diario que, tras detectar la magnitud del recorte, la organización se reunió con el diputado Esteban Paulón (Hacemos por Nuestro País) y planea solicitar encuentros con otros legisladores para visibilizar el retroceso que implica. “Son políticas públicas que deben estar y que deben estar garantizadas. Es una ley que costó ocho años y el Estado es quien debe asegurar el acceso para las personas más vulnerables, además de acompañar a quienes pueden obtener la medicación a través de obras sociales y prepagas”, señala.

Di Bello remarca que la propia Ley 27.675 establece que la respuesta al VIH debe ser integral, tanto en el tratamiento como en el suministro de insumos preventivos. “La mejor manera de prevenir es que todas las personas con VIH estén en tratamiento, junto con aquellas que desean acceder a sus medicamentos de prevención. Hace unos años, la PrEP se incorporó entre presiones e intereses especulativos de las multinacionales”, advierte.

Y añade un matiz clave para el debate público: “Si bien la PrEP es efectiva y un excelente insumo de prevención, también es cierto que es igual de efectivo tratar a todo el mundo. Quizás sería necesario discutir qué estrategia impulsamos con más fuerza y con mejores resultados para la salud colectiva”.

Huesped también advierte inconsistencias en las metas de tratamiento. De acuerdo con la reconocida ONG, el Gobierno proyecta atender a 71.500 personas con antirretrovirales en 2026, una cifra apenas superior a los 66.893 tratamientos consignados en 2023. Pero la propia ejecución presupuestaria al tercer trimestre de 2025 —según los datos oficiales— muestra 71.564 personas bajo programa, es decir, más de lo que se planea cubrir en 2026.

A esto se suma otro dato alarmante: en el último año reportado se diagnosticaron 6.400 nuevos casos, y el 70% de las personas con VIH en la Argentina depende exclusivamente del sistema público. Esto implica que casi 5.000 personas nuevas necesitarán tratamiento antirretroviral.

“El Estado no tiene que pagarte la fiesta”: el discurso de odio dentro de las filas LGBTIQ+

Lo verdaderamente inquietante es la reacción de miembros de la propia comunidad LGBTIQ+ que sostienen que herramientas de prevención como la PrEP y la PEP no deberían ser garantizadas por el Estado. No solo carecen de argumentos basados en evidencia (y empatía), sino que estas afirmaciones suelen venir acompañadas de chicanas y discursos abiertamente estigmatizantes, inimaginables apenas unos años atrás.

En X (exTwitter), espacio fértil para debates rancios, circularon frases como “el Estado no tiene que pagarte la fiesta”, “hay gente que le pide al Estado que banque su promiscuidad” o incluso mensajes más violentos: “Hay gente que cree que acostarse con desconocidos es un derecho y que todos debemos pagarle la droga para que no se contagien VIH”. Sí, son mensajes devastadores. Y revelan que el odio no siempre viene de afuera: a veces se filtra por las grietas más impensadas.

Al respecto, José María Di Bello reconoce que “es la primera vez que escucha este tipo de comentarios” dentro del propio colectivo.

Y profundiza aún más sobre el trasfondo del clima social actual: “‘Si te infectaste porque sos un promiscuo o no te supiste cuidar, no tenemos por qué pagar con nuestra plata’. ¿Por qué alguien estaría en contra de los mecanismos que reducen infecciones? Esto está íntimamente relacionado con la política cruel del Gobierno y con la habilitación para que circulen esta clase de discursos.”

Desde la comunidad médica advierten que el estigma —especialmente el vinculado a la sexualidad, la PrEP, la salud mental o las ITS— aleja a las personas del sistema sanitario. No es solo miedo: es la combinación tóxica entre desinformación, prejuicios sociales y un clima político que celebra la crueldad como virtud pública.

Desde el área legal de la Fundación Huésped, Natalia Nelson explica que la incertidumbre frente al recorte presupuestario no es nueva: “La consulta siempre está: la gente quiere saber si habrá medicamentos, si habrá continuidad”. Su experiencia acompañando a personas que se atienden en el sistema público es clara: “Nosotros somos defensores de que las personas puedan acceder a su derecho en tiempo y forma. Por eso nos preocupa que se reduzca el presupuesto. Ya ha pasado antes: cuando el Estado recorta, la gente se queda sin herramientas para reclamar”.

Nelson subraya que la Ley 27.675 es “profundamente protectora”, justamente porque busca reducir desigualdades, proteger a poblaciones vulneradas e incorporar la diversidad y la perspectiva de género en el acceso a la salud. “Es esencial respetar la identidad de cada persona y que el Estado contemple todas las protecciones del derecho a la salud, con todas sus particularidades. Son obligaciones que el Estado asumió, incluso en el plano internacional. El acceso a la salud es un derecho humano”, enfatiza.

La norma del odio y la subestimación de la PrEP

Para Paulo Dos Santos, médico residente del último año de Infectología en el Hospital Fernández, el clima que rodea a la PrEP no se explica solo por desconocimiento sanitario: se explica por un ecosistema de violencia que ya se volvió cultura. “¿Por qué creo que hay tanto discurso de odio? Porque es la norma hoy en día”, señala consultado por P|12. “Los medios, nuestro medio, y las redes sociales como X han instalado esa norma. La norma es odiar, criticar. No importa si lo hacen sin fundamentos”. El problema no es solo lo que se dice: es lo que ese discurso habilita y normaliza.

Dos Santos advierte: “Creo que se subestima a la PrEP como estrategia para prevenir una infección que no solo se ha cobrado muchas vidas, sino que acarrea una complejidad única”, afirma. No se trata de un comprimido “para no cuidarse”, como repiten sectores desinformados: se trata de una estrategia global avalada por evidencia robusta y recomendada por la OMS.

El infectólogo también explica algo que gran parte del debate público ignora: que vivir con VIH es una experiencia atravesada por capas de complejidad social, médica y emocional. “Las personas que viven con diabetes, con hipertensión o con hipotiroidismo no ven sus vidas atravesadas por la cantidad de cosas a las que se enfrenta una persona con VIH”, reflexiona. El estigma, la discriminación, las barreras de acceso y los costos psicológicos siguen siendo enormes, aun en 2025.

Esa complejidad no puede abordarse con soluciones simplistas ni moralizantes. Dos Santos lo resume con una excelente comparación: “Así como la obesidad es un problema complejo que requiere un abordaje multidisciplinario, con un abanico de opciones para adaptarse a cada persona, lo mismo pasa con el VIH y las ITS”. La prevención no es universal ni homogénea: se adapta, se combina, y se personaliza. “A algunos les funcionará el preservativo y será suficiente. A otros no. Pero no podemos reducir la respuesta a un flagelo tan complejo como el VIH a una sola estrategia”, completa.

Al final, lo que está en juego no es un comprimido ni una táctica aislada de prevención: es el sentido mismo de la salud pública como derecho, la obligación del Estado de cuidar a quienes más lo necesitan y la capacidad de una sociedad de no retroceder al prejuicio como política.

Mientras el Gobierno desfinancia programas esenciales y sectores del propio colectivo repiten discursos de odio que no resisten un dato, la evidencia es contundente: la prevención combinada salva vidas, la PrEP es una herramienta probada y el acceso universal no es un privilegio, sino una conquista que costó décadas.

 

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Antidepresivos y jóvenes: alarma la escalada en el uso de psicofármacos

Un especialista describe un escenario preocupante, diagnósticos apurados y una demanda de atención en casos clínicos. Como solución, indica reforzar la atención pública y garantizar tratamientos con evidencia científica

Un especialista atiende todos los días cuadros que se repiten: consultas por tristeza persistente, ataques de ansiedad, dificultades para dormir, irritabilidad, desgano.

Lo que observa en su consultorio aparece también en estadísticas, en salas de espera y en las conversaciones familiares. “Si bien no es fácil acceder a datos oficiales, el consumo de psicofármacos se ha ido incrementando, particularmente el universo de las benzodiacepinas —mal llamados tranquilizantes— y los antidepresivos”, afirmó, en diálogo con EL DIA, Diego Sarasola, médico especialista en Neuropsiquiatria y Director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria.

Según él, el movimiento no es leve. “Los estudios internacionales coinciden en que desde la pandemia su consumo ha crecido de modo significativo, por encima del resto de los fármacos”, advirtió.

Es así que Sarasola precisa un dato que ilustra el cambio de escala: “Datos de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) indican que en general el aumento del consumo de estas moléculas fue hasta cuatro veces más rápido que el resto de los medicamentos, desde la pandemia”.

Adolescentes

No se trata sólo de adultos, ni de personas ya tratadas. También, y cada vez más, adolescentes. “Se ha referido en distintos países un aumento de hasta el 250% del consumo de estos fármacos en la adolescencia”, dijo. Para él, el fenómeno es “polifactorial”: consecuencias del aislamiento, deterioro socioeconómico, incertidumbre y una presión continua que se sostiene en el tiempo.

Los antidepresivos más usados hoy pertenecen a un grupo que se conoce como Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS). “Hay que destacar que si bien se llaman antidepresivos, estos fármacos constituyen un grupo heterogéneo de moléculas que tienen aplicaciones más allá de la depresión”, explicó. Se usan en trastornos de ansiedad, Trastorno Obsesivo Compulsivo y algunos tipos de dolor. Y además recordó: “Todos los antidepresivos, como el resto de los psicofármacos, deben ser recetados con receta archivada”.

Contexto

La expansión del consumo se da en un sistema tensionado. Especialistas que trabajan con niños y adolescentes advierten un aumento sostenido en la llegada de menores con síntomas depresivos y ansiosos severos. Muchos llegan medicados sin un seguimiento profesional adecuado, algo que Sarasola identifica como un riesgo.

“Si el fármaco es prescripto por el profesional con un adecuado diagnóstico, esto debería afectar de modo positivo al paciente”, dijo Sarasola pero señaló un punto crítico: “Muchas veces el escaso tiempo de consulta o una cultura de acudir a una solución rápida puede llevar en algunos casos a un sobrediagnóstico y por tanto un uso excesivo”.

La situación se repite en hospitales y en consultorios privados. Otros especialistas observan que “muchos pacientes llegan al consultorio y cuentan que toman medicación con escasa recomendación del personal de salud mental”, contó uno de ellos. Los datos acompañan esas percepciones. En 2023 se dispensaron 54,5 millones de unidades de psicofármacos en el país, con un crecimiento del 111% en la categoría de antidepresivos en los últimos cinco años. Los principios activos más consumidos, como la sertralina y el escitalopram, registran subas anuales del 10 al 12%.

Libido y otras consecuencias

Sarasola señala que algunos de los antidepresivos más usados pueden generar efectos sexuales adversos. “Pueden afectar la libido y a veces traer como consecuencia disfunciones eréctiles o retraso en el orgasmo”, explicó. Pero aclaró que no se trata de efectos permanentes: “Ninguna de estas situaciones es irreversible, ni se produce siempre que uno consuma estos medicamentos”. Su recomendación es clara: “Lo ideal es consultar al médico tratante si alguno de estos síntomas se produce, antes de realizar por cuenta propia un abandono del tratamiento”.

Las causas detrás de este crecimiento no se limitan a cambios individuales. Sarasola describió un escenario social que actúa como combustible: “El auge de las redes sociales, la mayor dependencia del celular, los trabajos que impiden la desconexión o la falta de ellos. Todo contribuye a un aumento de estos cuadros”. Lo que ve en consultorio confirma una deriva que preocupa. “Lo que se ve en consultorio es un aumento explosivo de las consultas por trastornos depresivos y de ansiedad. La sensación colectiva de incertidumbre y desesperanza tiende a reforzar este tipo de trastornos”.

Mientras tanto, otros especialistas advierten que la respuesta del sistema a ese aumento de demanda no siempre es integral. En escuelas y hospitales públicos la medicación suele aparecer como la vía más rápida para contener síntomas urgentes. “Muchas veces la respuesta del sistema —presionado, saturado y sin recursos suficientes— es la prescripción inmediata de medicación”, describen psicólogos que trabajan con población infantojuvenil. Lo que falta, coinciden, es un acompañamiento sostenido que incluya psicoterapia, trabajo comunitario y redes de apoyo.

Automedicación

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA reveló que en 2023 un 26,7% de la población experimentó síntomas compatibles con trastornos depresivos o ansiosos. Las mujeres jóvenes entre 18 y 30 años son el grupo más afectado, pero la tendencia se extiende hacia la adolescencia. La Encuesta Nacional de Salud Mental calcula que el 5,7% de la población padece depresión diagnosticada, aunque los psiquiatras advierten que hay subregistro, falta de acceso y diagnósticos que no llegan a formalizarse.

El crecimiento de las consultas se acompaña con un incremento de automedicación. “De manera cotidiana recibimos casos de personas que consumen psicofármacos sin receta ni seguimiento”, afirmó el psiquiatra Ricardo Corral. Esa práctica puede encubrir enfermedades que requieren otro tratamiento. Un ejemplo: cuadros de hipotiroidismo que se confunden con depresión. También implica riesgos de dependencia y abstinencia en el caso de benzodiacepinas.

En ese contexto, algunos profesionales llamaron a reforzar la idea de diagnóstico preciso. “No todo cuadro de tristeza es un trastorno depresivo y no todo trastorno depresivo se medica con antidepresivos”, explicó Cynthia Dunovits, jefa de la División Psicofarmacología del Hospital de Clínicas. Subrayó también la importancia de descartar causas orgánicas y evaluar si no se trata de un cuadro bipolar, en cuyo caso los antidepresivos se desaconsejan. Los ansiolíticos, por su parte, deberían usarse en períodos acotados, aunque muchas veces se consumen de forma prolongada.

El consumo adolescente preocupa particularmente. En un contexto de sobreexposición a pantallas, recompensas inmediatas y vínculos frágiles, los profesionales observan la aparición temprana de crisis de ansiedad, dificultades atencionales y conductas de riesgo. Ese escenario se combina con barreras de acceso a la atención: turnos demorados, falta de equipos interdisciplinarios y recursos limitados en hospitales públicos.

Rol de profesionales

Sarasola insistió en un punto que atraviesa toda la discusión: “Se torna indispensable un fortalecimiento del rol de los profesionales de la salud mental y una actitud más activa del Estado en las tareas de detección, diagnóstico y tratamiento”. Para él, garantizar accesibilidad a tratamientos con evidencia científica es tan importante como mejorar las condiciones para que esos tratamientos lleguen a tiempo. No se trata sólo de medicación, sino de un sistema capaz de acompañar las causas del malestar y no sólo sus síntomas.

Mientras el consumo de psicofármacos sigue creciendo, la trama de fondo se vuelve más visible. Un país con altos niveles de incertidumbre, tensiones económicas y signos extendidos de agotamiento emocional empuja a miles de personas a buscar alivio rápido. La escena se repite: consultas saturadas, prescripciones que llegan antes que las preguntas y adolescentes que entran al sistema ya medicados. En ese panorama, las palabras de Sarasola funcionan como advertencia y como marco: decisiones clínicas cuidadosas, mayor tiempo de consulta y un esfuerzo colectivo para que la salud mental deje de ser atendida con respuestas urgentes y fragmentarias.

“En el consultorio se ven más consultas por trastornos depresivos y de ansiedad”

Estudios coinciden en que, desde la pandemia, su consumo ha crecido significativamente

 

PUBLICADO EN DIARIO EL DÍA (CLICK ACÁ)

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