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 8 de Marzo Día de la Mujer Trabajadora

Por Marcela Irma Meder

El 8 de marzo de 1910 en el 2do Congreso Internacional de mujeres socialistas, Clara Zetkin, propuso establecer el día 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en homenaje a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación y la opresión capitalista.

En nuestro país, fruto de la lucha de los últimos años y de un Estado de derecho que se ocupa de la temática, hoy contamos con espacios ganados y derechos adquiridos como el Ministerio de las Mujeres,Géneros y Diversidad que trabaja por los derechos de las mujeres y LGBTI+, y que se manifiesta frente a toda forma de desigualdad y violencia. Ademas, se implementaron leyes y  Planes Nacionales de acción contra las violencias por motivos de género; de igualdad en la diversidad; interrupción voluntaria del embarazo. Unidad de Gabinete de asesoras; Políticas culturales para la igualdad y… la lista continúa.

Sabemos que falta mucho camino por andar. Al día de hoy hubo 21 casos de femicidios y 46 intentos de femicidios en lo que va del 2023; cada 27 hs. una mujer es asesinada. Día a día sufrimos las violencias sistema sobre nuestros cuerpos.

Somos asesinadas, violadas, abusadas, secuestradas, explotadas, y sobre nosotras se descarga la desigualdad económica y laboral con más crudeza.

Hoy es sumamente necesario reconocer los derechos ganados, la acción de un Estado de Derecho y seguir bregando para que podamos seguir construyendo una sociedad más equitativa.

Es entre TODXS !

Día Internacional de la Mujer Trabajadora: más de un siglo de lucha por la igualdad.

 

Marcela Irma Meder

Salud y género: 8M Día Internacional de la Mujer

Por Guadalupe Rivero 

El #8M debe, en parte, sus orígenes al logro del sufragio femenino en 1917 por parte de las socialistas rusas y es reconocido por la Asamblea de las Naciones Unidad en 1975 para conmemorar la lucha de las mujeres por la igualdad y el ejercicio efectivo de sus derechos, su participación en la sociedad y su desarrollo íntegro.

Este año, como ya sucede desde el 8 de marzo de 2017, las mujeres cis, lesbianas, travestis, trans y no binaries, volvemos a las calles en reclamo a las violencias basadas en el género que atraviesan nuestras vidas. Esto es consecuencia de que aún persisten desigualdades y desafíos entre la igualdad formal (proclamada en legislación, acuerdos y otros instrumentos garantes de derechos) y la igualdad real (aquello que efectivamente ocurre en la vida de las mujeres e identidades feminizadas). La real igualdad entre los géneros es obstaculizada por diferentes factores que responden a dimensiones del orden de lo social, lo político y lo económico.

Pese a los esfuerzos que se vienen realizando en las últimas décadas, la desigualdad de género en la inserción laboral de las mujeres cis y el colectivo LGBTTTQI+ aún existe. Una gran proporción de mujeres cis trabaja en condiciones precarias, en la informalidad, con una gran brecha salarial en relación a igual tarea con sus pares varones, lo cual implica una inserción laboral y condiciones materiales de vida diferentes y, sobretodo, desiguales. Esta realidad se complejiza cuando incorporamos a la lectura la intersección de las tareas de cuidado y la casi exclusividad de las mujeres cis en esta esfera. La doble o triple jornada laboral que las mujeres debemos cumplir hace referencia a esta situación. Este entramado de desigualdades atenta contra el pleno ejercicio de derechos de las mujeres y contra su desarrollo en todos los niveles y esferas de la vida.

 La salud no está por fuera de esta realidad, lo cierto es que el campo de la salud es un sector históricamente feminizado que ha crecido en materia de profesionalización en el último siglo (se estima que para 2016 el 59% de los puestos en salud estaban cubiertos por mujeres). Aun así, no ha habido mejoras en las condiciones laborales ni en términos de paridad de ingresos. Esto demuestra que no solo es necesario desarrollar políticas y/o estrategias que garanticen la incorporación, en tanto cantidad de representantes, de diferentes géneros al campo de la salud, sino que además es prioritario desarrollar estrategias que permitan mejoras las condiciones en las que dichas personas se incorporan.

Las desigualdades son muchas, y atraviesan diferentes dimensiones. El campo de la salud, además de encontrarse lejos de la paridad de género en términos estructurales, se presenta también como un sector poco amigable frente a otras identidades, excluyente y poco accesible, en parte debido a la falta de transversalización de la perspectiva de género en las instituciones de salud; y también a que se encuentran escasos espacios de formación (formales e informales) destinados a profesionales de la salud.

De todos modos, existen espacios de lucha, resistencia y avances en materia de igualdad y equidad de género que permiten reconocer que es posible la transformación y que existen otros modos de construir realidades. Para que esto suceda es indispensable que las instituciones tomen su parte como actores sociales y que los varones reconozcan sus lugares de privilegio, los problematicen y se involucren en la búsqueda y construcción de soluciones.

Guadalupe Rivero
Consejo de Abordaje a las Violencias de AASAP

Bibliografía:

https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/20180409-genero-sector-salud-feminizacion-brechas-laborales.pdf

 

El respeto a la diversidad de género en Salud

 

Por Analía Occhiuzzi y Debora Lema

Repensemos nuestras instituciones y sus formas de atención

 

La inclusión de la perspectiva de género en el campo de la salud es una de las prioridades de los últimos años (1, 2, 3). La incorporación de una mirada interseccional a las estructuras, la investigación y las formas de atención en el ámbito de la Salud Pública permite la detección y eliminación de desigualdades y es necesaria para lograr un ejercicio profesional más justo y libre de discriminación.   Parte de incluir esta mirada nos hace tener presente que todas las intervenciones, producciones y actividades que desde los espacios sanitarios realizamos, pueden resultar ofensivas, agraviantes e incluso violentas, razón por la cual necesitan ser dadas en el marco del respeto a los Derechos Humanos y en relación con la orientación sexual y la identidad de género de las personas, sin distinciones.

La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para la dignidad de toda persona y no deben ser motivo de discriminación o abuso, tanto en pacientes como en y entre profesionales de la salud.  Es importante la promoción de climas laborales e institucionales de cuidado y apoyo para con el objetivo de evitar la exclusión, estigmatización y prejuicios que menoscaban la integridad y dignidad de las personas y a vivir en el temor, ocultando su identidad.  Sin embargo, las personas pertenecientes a minorías identitarias (lesbianas, gays, bisexuales, personas transexuales, mujeres y otros) a menudo sufren violaciones a sus derechos humanos por causa de su orientación sexual o identidad de género, impidiéndoles vivir plenamente y en libertad. 

Como profesionales de la salud y participes necesarios de los cambios que pretendemos, necesitamos trazar como meta preservar, defender y potenciar la dignidad de las personas brindando y/o recibiendo atención en cualquiera de los diferentes niveles de complejidad, promoviendo una mirada atenta a las situaciones y experiencias específicas de personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género. Nuestras prácticas sanitarias necesitan enmarcarse en lo establecido por los documentos internacionales sobre género (Declaración Universal de los Derechos Humanos, Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, Principios de Yogyakarta y Principios de Yogyakarta +10), así como también en los  derechos enunciados en la Ley Nacional de identidad de género (Ley N° 26.743) y su reglamentación, así como también de la Ley Nacional contra los actos discriminatorios (Ley N° 23.592).   

Este 8 de Marzo continuamos la lucha por la equidad, instando a que como integrantes de equipos de salud y ciudadanxs, revisemos nuestras propias creencias y posicionamientos respecto a esta temática;  además de formarnos e intervenir con perspectiva de género, para así evitar replicar prácticas profesionales y respuestas institucionales que acentúen desigualdades en el ámbito de la salud. No seamos simples observadores; tenemos una oportunidad histórica: estemos a la altura de los tiempos que corren.

 

Bibliografía

1-      1 - MJ (2020) Women’s Health and Gender Inequalities (collection). World Health Summit 2020. Disponible en: https://www.bmj.com/gender

2-      2 - The Lancet (2019) Advancing women in science, medicine, and global health (full issue), Vol. 393, no. 10171, p493 e28

3-      3 - Critical Care Journal (2019) Gender disparity in ICU staffing in Argentina.; J Crit Care,2019.

La infantilización de las mujeres con discapacidad como barrera para el acceso igualitario a la salud

*Por Carolina Buceta 

A lo largo de la historia, el acceso a la salud para las mujeres con discapacidad fue nulo, escaso o restrictivo.

En la actualidad, si bien se debe abordar al acceso a la salud de las personas con discapacidad desde una perspectiva de derechos, aún sigue vigente un modelo proteccionista, sobre todo en los casos de las mujeres.

Según el relato en primera persona, todavía se observa una gran infantilización en la esfera de la salud en el que recepcionistas, enfermeres, médiques y todo personal en general, tratan como niñas a mujeres con discapacidad, más allá de la edad cronológica. 

Se pone por delante su condición de mujer con discapacidad, ante el motivo de consulta y se hacen preguntas, no acordes a una entrevista, haciéndose evidente la diferencia entre ellas y una mujer sin discapacidad.

En los consultorios todavía se escucha:

• ¿Viniste acompañada¬¬ a la consulta?

• ¡Qué raro que viniste solita!, ¿no tenés a nadie?

• Yo te diría que vengas con una persona adulta para poder resolver dudas y darte la medicación que precisás,

• Tendrías que conseguirte una pareja para que te acompañe...

O si acompañan están llevando a un niñe al pediatra, les dicen que es necesario que vuelvan acompañadas por otra persona, porque no creen que puedan ser capaces para maternar.

Estos ejemplos, muestran claramente la infantilización de la mujer con discapacidad que impide el acceso al sistema de salud en igualdad de condiciones al resto de la población, a pesar de que es un derecho humano fundamental, y de que existen tratados internacionales y leyes nacionales que regulan su acceso.

Todos los actores del sistema de salud deberían capacitarse para brindar una atención igualitaria, adecuada y accesible para toda la población.

Sería conveniente que puedan tomar contacto en esas capacitaciones con personas con discapacidad, para que el contenido sea situado y acorde a lo que estas personas requieren en relación con la atención.

Suele existir un imaginario de que hay que especializarse para la atención de mujeres con discapacidad, pero la realidad, indica, que sólo se debe considerar que ellas son parte de la sociedad. Es simple, hay que salir del modelo médico rehabilitador, no sustituir su voluntad, respetar su edad cronológica, brindarle la información en forma accesible para que pueda tomar decisiones, y no olvidar de implementar el consentimiento libre e informado, en las prácticas que se requieran, que siempre debe ser firmado por la mujer con discapacidad,

En este 8 M, reivindicamos el derecho a la información, a la toma de decisiones, a recibir información adecuada y accesible, para que el derecho a la salud para las mujeres con discapacidad sea una realidad y no una expresión de deseo de un colectivo.

 

Lic. en Psicología Carolina Buceta 

Presidenta Consejo del Modelo social de la discapacidad AASAP

La feminización de la enfermería y el rol de la mujer: las enfermeras, grandes líderes

*Por Patricia Roussel

La construcción social del rol de las cuidadoras, en asociación con lo maternal, fue vinculada a lo femenino por generaciones, como competencia exclusiva de nuestro género. El trabajo no reconocido de planificar, criar, cuidar, acompañar, educar, trabajar y salir al mundo a enfrentar la vida frente a una lucha desigual, por la cual el patriarcado, la hegemonía, el pensante, el decisor sólo eran capacidades exclusivas del género masculino.

En la profesión de enfermería se repite un patrón que nos imponía el rol de la mujer profesional como cuidadoras, maternales, reproductivas, sumisas y obedientes, en contracara del hegemonismo machista, dueños del poder, ocupando los cargos jerárquicos como contundentes dueños del saber.

Sin embargo, las mujeres que estamos encabezando la profesión estamos en un constante cambio de paradigma que tiene como eje la visibilización de la fuerza y del poder del género femenino, que sigue en la puja por ocupar los lugares de gestoras, pensantes, trabajadoras, estudiantes, investigadoras. Las mismas que conquistamos el derecho de elegir cuándo ser madres, si es que así lo deseamos, como una gran conquista de la salud pública.

La conquista de las mujeres de lugares mediante la fuerza y las luchas por la igualdad y la equidad de oportunidades en todas las aristas: la profesión, la maternidad por elección, los puestos jerárquicos, nos posicionó como nuestras propias gestoras, empoderadas en el rol que nos toca desempeñar, cumpliendo roles nunca antes pensados.

El liderazgo masculino desempeñado como sinónimo de poder patriarcal se fue deshaciendo con las luchas, las intervenciones y el empoderamiento de las mujeres, que logró visibilizar potenciales que habían intentado ocultar por años. Hoy se puede demostrar liderazgo y conocimientos superadores en todos los ámbitos gracias a los cuales se logró superar un techo de cristal que parecía imposible de romper y quebrar ante tanto dominio. 

Lo mismo ocurre con enfermería que se abre pasado junto a la lucha que nos identifica como género.

El camino fue, y es, arduo, pero tenemos la convicción de que las nuevas generaciones seguirán defendiendo la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos, convencidas de que la lucha no se abandona, sinónimo de libertad de ser y no parecer.

No perdamos de vista que el colectivo de mujeres se expresa de diferentes modos, en distintos ámbitos y con un sinnúmero de manifestaciones que marcan un rumbo y un horizonte de inclusión y derechos para todes. 

Abran paso que venimos nosotras, abran paso que llegó enfermería.

 

Patricia Roussel

Miembro del Consejo de Enfermería de AASAP

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