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Comunicado de AASAP por la grave situación de salud de Milagro Sala

Ante la grave situación que está atravesando Milagro Sala la Asociación Argentina de Salud Pública expresa:

Porque a Milagro Sala le asisten los mismos derechos que a todo ciudadano y ciudadana de nuestro país, porque nuestro país debe sostener una política coherente de Derechos Humanos en todo su territorio, la Asociación Argentina de Salud Pública, luego de finalizar su 1° Congreso Internacional que reunió a más de 2600 participantes de todas las provincias argentinas decide expresar su solidaridad y unirse al fuerte reclamo para que Milagros Sala sea trasladada de su ámbito de detención y reciba adecuada atención médica, derecho que actualmente se le está siendo cercenado. 

“La salud no puede ser considerada un gasto en los países latinoamericanos”

El rol de los Estados regionales en la promoción de una salud equitativa e inclusiva, el papel que deben desempeñar los profesionales del rubro luego de una pandemia que, al menos en apariencia, reivindicó su protagonismo en la sociedad, el horizonte de la soberanía sanitaria al que apuntan los países latinoamericanos en un marco caracterizado por el poder de las grandes corporaciones farmacéuticas: sobre todo ello ofrece su perspectiva Rosana Onocko-Campos, presidenta de la Asociación Brasileña de Salud Colectiva. “Pienso que se puede crear un futuro más inclusivo, aunque para ello haya que discutir fuertemente esa idea de la derecha que afirma que la salud es un gasto”, señala la médica (Universidad Nacional de Rosario), psicoanalista y doctora en Salud Colectiva (Universidad Estatal de Campinas, Brasil), que visitó Argentina en ocasión del 1° Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Salud Pública.

--Usted es especialista en salud pública. ¿Qué pasa en Latinoamérica al respecto?

--Nuestros países tienen algunas características comunes: la desigualdad, el racismo, las secuelas del colonialismo, las democracias jóvenes que aún exhiben fragilidades, las enormes presiones internacionales que enfrentamos para pagar nuestras deudas externas. Todo eso me lleva a pensar que las tareas que tenemos quienes trabajamos con salud colectiva es buscar la inclusión social en la región para la disminución de la inequidad. Y en este punto el término de “una salud” puede ser muy beneficioso.

--¿Qué implica ese término?

--Tiene que ver con pensar un modelo de desarrollo que sea inclusivo y respetuoso de las diferencias, pero que al mismo tiempo respete la salud ambiental, animal y humana. Si no pensamos en otras formas de producción, no vamos a ser capaces de defender absolutamente nada. En el Mercosur tenemos las principales productoras de commodities que alimentan el planeta, por ende, nos toca a nosotros la responsabilidad de transformar los modos en que elaboramos nuestros alimentos. La salud es algo muy complejo como para no detenerse a pensarla.

--Uno de los temas más importantes, ya que estudia salud en la región, es el de la soberanía sanitaria.

--Sí, cuyos problemas se vieron muy claros durante la pandemia. La planificación sanitaria y la producción de insumos, como pueden ser barbijos y también tecnologías más refinadas, tienen las condiciones para operar como un factor de desarrollo para las naciones y no ser observadas como un mero gasto.

--¿Cómo se puede ejercer esta soberanía si las corporaciones en el área --los laboratorios y farmacéuticas-- constituyen los actores más poderosos del mundo?

--Es cierto que son poderosos, pero ello no implica que sea imposible ejercer soberanía: hoy uno de los grandes productores de drogas y vacunas es la India. Aunque ahora hay algunas que deben importarse, hasta hace muy poco tiempo Brasil elaboraba todas sus vacunas prácticamente. Cuba lo mismo. Si bien siempre habrá tecnologías que tendremos que adquirirlas de afuera, no significa que debamos hacerlo con la mayoría de los insumos. Esto se articula directamente con entender que el dinero destinado a ciencia y tecnología es una inversión y no un gasto. Si nos vamos a dedicar solamente a seguir siendo productores de materia prima no tenemos ningún futuro.

--Antes hablaba de la inclusión, ¿la salud es inclusiva en la región?

--Argentina se caracterizó, históricamente, por un sistema de salud fragmentado y estratificado, gracias a la presencia de lo público que convive con obras sociales y prepagas. En Brasil, por ejemplo, el 75 por ciento de la gente utiliza el sistema público y el 25 por ciento restante acude a lo privado. De esa mayoría que utiliza el público, una parte gasta algo de su bolsillo para compensar algunas de las necesidades que no se pueden satisfacer. Nuestro país no tiene un sistema unificado, siempre hubo una resistencia muy grande de los sindicatos. Sería ideal disminuir la fragmentación; pienso que se puede crear un futuro más inclusivo, aunque para ello haya que discutir fuertemente esa idea de la derecha que afirma que la salud es un gasto.

--¿Qué piensa del presente de los profesionales de la salud? En general, los gobiernos latinoamericanos tienen una cuenta pendiente: revertir la precarización laboral.

--Nosotros estamos proponiendo que se cree una carrera pública de salud. De la misma manera que la tienen los militares o los jueces, que son considerados de primera necesidad. ¿Los médicos no? Me parece que, en definitiva, es un problema que se relaciona con la dignidad.

--¿En qué sentido?

--Cuando un paciente se acerca a una unidad de atención y el trabajador está cansado, malhumorado y burocratizado, sin quererlo, retroalimenta este sistema del cual formamos parte y necesitamos cambiar. Creo que los trabajadores de la salud tenemos un rol clave como agentes de la transformación social. Somos parte de la solución y no del problema. Para esto debe haber un marco propiciado por los gestores, las leyes y el financiamiento destinado a los sistemas públicos. Si los representantes de la salud pública no defendemos lo público nadie lo hará.

--En esta defensa, ¿qué lugar tiene lo privado?

--Mirá, te voy a responder a título personal. Desde que estaba en la Universidad Nacional de Rosario, de jovencita, nos preguntábamos con nuestros compañeros si era ético ganar dinero con la enfermedad ajena. ¿Podemos tener lo privado? ¡Podemos! Aquella gente que sea muy rica y tiene derecho a pagar otro servicio, ¿puede hacerlo? ¡Claro que puede! Ahora bien, con lo que no estoy de acuerdo es con que con los impuestos públicos se financie lo privado.

--De manera reciente, la pandemia puso a prueba los sistemas de salud a nivel mundial. Usted estaba en Brasil, ¿cómo fue esa experiencia?

--Vivimos la pandemia con el pandemonio. Estábamos en manos de alguien, como Jair Bolsonaro, que hablaba en contra de las vacunas, que no hizo nada para planificar un aislamiento social coordinado. Instrumentó un ataque continuo al gesto solidario y al cuidado colectivo que fue muy destructivo. Daba la sensación de que estábamos en un avión y no estaba el piloto. Brasil tiene cifras de muertes muy por encima de lo que le correspondería por su población si se lo compara con el resto de las naciones; fallecimientos por covid que, como se podía esperar, se distribuyeron de manera desigual. Los negros, pobres y periféricos siempre la pasan peor. En Argentina la realidad fue distinta, de hecho, al gobierno se lo acusó de lo contrario, de demasiado precavido. Se presentaba una falsa dicotomía entre salud y economía cuando no la había.

Encuentro para una salud más equitativa y humana

Entre jueves y viernes se celebró el 1° congreso internacional de la Asociación Argentina de Salud Pública (AASAP). Más de 1.200 personas se reunieron con el objetivo de debatir en torno a la necesidad de una salud pública y colectiva. Bajo esta premisa, los presentes coincidieron en que los trabajadores y las trabajadoras del sector puedan sostener “el protagonismo y la mística” alcanzada durante la pandemia. En paralelo, también instaron a los diversos espacios políticos que disputarán las elecciones este año a no desjerarquizar el área, como ocurrió durante el mandato macrista, cuando de ministerio se degradó en secretaría.

Del evento, realizado en Palais Rouge (Palermo), participaron el presidente de la AASAP y el actual rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, Arnaldo Medina, así como también, las autoridades sanitarias de todo el arco político como Nicolás Kreplak, titular de la cartera sanitaria bonaerense; Sandra Tirado, secretaria de Calidad en Salud de la Nación; así como también Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria de la CABA.

Bajo el lema, “Una salud: para una Argentina con equidad”, se presentaron un total de 80 paneles temáticos, más de 350 trabajos, posters, stands y talleres participativos. El enfoque, de manera reciente incorporado por la Organización Mundial de la Salud, comprende a la salud humana y animal como interdependientes y en estrecha relación, al mismo tiempo, con el ambiente y contexto en el cual interactúan.

Bajo esta premisa, sostienen sus referentes, no es suficiente el análisis técnico de especialistas en el tema si no se tienen en cuenta variables como la problemática ambiental con el efecto de la contaminación y el cambio climático; las cuestiones alimentarias como el sobrepeso, la malnutrición y la desnutrición; los aspectos que impactan en el desarrollo de las sociedades; la pobreza que acecha a una parte mayoritaria de la población; la salud animal y la amenaza de nuevas pandemias a partir de las zoonosis; el respeto por la diversidad sexual; la interculturalidad y las necesidades propias de las minorías.

 

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Experto colombiano alertó sobre los riesgos que se ciernen sobre la salud pública

 

Las oportunidades que la pandemia abrió para el resurgimiento de la salud pública, la preocupación por el impacto del cambio climático en la salud de las personas y los sistemas de salud mirados como mercancías por los sectores privados fueron algunos de los tópicos abordados por el colombiano Saúl Franco al disertar en el marco del Congreso Internacional “Una Salud: para una Argentina con equidad”, que organizado por la Asociación Argentina de Salud Pública (AASAP) comenzó hoy en Buenos Aires y se extenderá hasta el viernes. 

Franco, que es un médico especializado en salud y violencia, se desempeñó como Comisionado por la Verdad en el proceso de paz abierto en Colombia para al alto el fuego entre organizaciones guerrilleras y las fuerzas estatales. En un conversatorio denominado “Democracia y salud en riesgo”, fue presentado por Hugo Mercer, quien es secretario general de la AASAP.

“Esta gran pandemia se ha convertido también en un despertar de la salud pública, volvió a ponerla en la primera plana y nos corresponde a todos entonces aprovechar eso que llamamos un momento, una hora de la salud pública en el mundo”, reflexionó al especialista. 

“Produjo casos de solidaridad nacional e internacional muy grandes, pero desafortunadamente no pasó lo mismo en todos los campos. Ustedes saben, por ejemplo, el problema tan serio con la inequidad con las vacunas”, recordó.

Franco identificó al cambio climático como otra de la amenazas para salud global. “Creo que dentro de los riesgos específicos para la salud, para la economía, para muchas cosas, el cambio climático constituye hoy un gravísimo riesgo para la humanidad. No es tan viejo como el hambre ni como las epidemias, pero se viene incrementando aceleradamente y pone en riesgo la vida misma en el planeta”, expresó el especialista.

“El aumento de la temperatura de la tierra y de los mares por el incremento de gases de efecto invernadero, la tala de bosques y el extractivismo están generando sequías, incendios, inundaciones, aumento del nivel del mar, tormentas, huracanes y temperaturas extremas con consecuencias devastadoras en la agricultura, el suministro de alimentos y podríamos generalizar en el riesgo mismo de servicios básicos y el riesgo de vida”, enfatizó Franco. 

Añadió que “hace muy poco la Organización Mundial de la Salud estimó en 12.000 las catástrofes sufridas en el mundo en los últimos 50 años por este tipo de riesgos meteorológicos, climáticos e hidrológicos con 2 millones de muertes, obviamente como en otros casos, siendo los países en desarrollo los que llevan la peor parte”.

Franco también identificó a “ciertas políticas y sistemas de salud” como amenazas para la propia salud. “Las políticas y los sistemas de salud deberían servir para garantizar, para hacer efectivo el derecho a la salud, para garantizar el acceso universal, la equidad, el carácter público y el suministro oportuno de servicios y de calidad de vida para las personas, pero resulta que ciertas políticas y ciertos sistemas de salud en lugar de facilitar la salud y hacer mejor la vida de la humanidad, están contribuyendo a todo lo contrario”, explicó. 

El Comisionado por la Verdad describió que “las políticas y sistemas de salud dejan de ser una oportunidad y una garantía del derecho y se convierten en un factor de riesgo para la salud cuando, al entender a la salud no como un derecho sino como una mercancía, el lucro privado pasa a contribuir de la atención de las enfermedades, consultas, interacciones, internaciones, procedimientos, tecnologías, se vuelven más importantes el lucro por esos servicios que la garantía efectiva del derecho a la salud y de las condiciones necesarias para poder vivir bien”. 

“También se vuelven un riesgo cuando para garantizar la rentabilidad de los servicios de salud se introducen o se permiten barreras para el acceso oportuno a servicios adecuados y de buena calidad, generando exclusiones, discriminaciones, incremento de inequidades de género, de etnia, de edad, de nivel económico o de lugar de resistencia”, amplió Franco. 

Finalmente, dijo que las políticas o sistemas de salud se convierten en riesgosas “cuando no se corresponden con las realidades y necesidades culturales y epidemiológicas de los territorios. O sea, cuando la cultura no importa, cuando importa más la imposibilidad de un imperativo económico, de un interés particular del suministro de servicios, cuando eso se impone por encima de las realidades y de las riquezas técnico-culturales de los países”, finalizó el experto colombiano.

Día Nacional de la Donación de Órganos: ¿por qué se celebra el 30 de mayo?

El 30 de mayo se celebra el Día Nacional de la Donación de Órganos. Esta efeméride es en conmemoración del nacimiento del hijo de la primera paciente que dio a luz después de haber recibido un trasplante hepático en un hospital público argentino.

El objetivo de la fecha es homenajear a todos los donantes que realizan un acto de solidaridad, amor y altruismo. Gracias a ellos y después de la operación, una persona que necesitó un transplante puede reintegrarse plenamente a la vida social: trabajar, estudiar, hacer deportes, disfrutar del tiempo libre con su familia y amigos y proyectar un futuro. 

En conmemoración de este día, este año el Ministerio de Salud de la Nación y el INCUCAI recuerdan la importancia de donar y lo celebrarán bajo el lema #SomosDonantes, como símbolo de un acto que convoca a la comunidad en su conjunto.

La realización de cada trasplante es posible por la participación de la sociedad representada en el acto de donar, así como la intervención de los profesionales de la salud de los establecimientos hospitalarios de todo el país, y al trabajo de los organismos provinciales de procuración que pertenecen al sistema sanitario argentino.

Es por ello que el mes de mayo se presenta como una oportunidad para estimular la conciencia sobre el valor de la donación de órganos y tejidos para trasplante, y reflexionar acerca de un problema de salud que afecta a muchos ciudadanos de nuestro país.

Trasplantes en Argentina en 2023

En lo que va de este año, se realizaron 1.502 trasplantes de órganos y córneas. De esa manera, 776 pacientes en lista de espera recibieron un trasplante de órganos, 674 de donantes fallecidos y 102 de donantes vivos.

En los primeros cinco meses del 2023 se realizaron 566 trasplantes renales, 150 hepáticos, 35 cardíacos, 12 pulmonares, 7 hepatorrenales, 4 renopancreáticos, 1 hepatointestinal, 1 cardiorrenal y 726 trasplantes de córneas. De todos los trasplantes, 117 fueron pediátricos (es decir, a menores de 18 años).

Estos trasplantes fueron posibles gracias a la concreción de 641 procesos de donación (294 procesos de donación de órganos y 347 de córneas), llevados a cabo en todo el territorio nacional.

¿Quiénes pueden donar órganos?

Todos aquellos mayores de 18 años que sean capaces legalmente, al menos que se exprese lo contrario. También puede hacerse por cualquiera de los siguientes medios:

Firmando un acta de expresión en el INCUCAI, en cualquiera de los organismos jurisdiccionales de ablación e implante.

Asentándolo en el DNI en las oficinas del Registro Civil. Hay que comunicarlo al agente para que lo deje registrado.

Completando un formulario web.

Enviando, desde cualquier dependencia del Correo Argentino, un telegrama gratuito con tu nombre, apellido, DNI y domicilio.

En Argentina, la Ley del Donante Presunto señala que toda persona es donante excepto que exprese lo contrario. Por eso es fundamental manifestarlo por escrito y dar a conocer a familiares y amigos la voluntad sobre la donación de órganos.

Donar es una decisión personal e intransferible que puede modificarse en cualquier momento. Como el acto es libre y voluntario, la expresión afirmativa o negativa se puede revocar en cualquier momento, pero nadie podrá cambiarla después de la muerte del manifestante, ya que siempre se respetará la decisión tomada en vida.

 

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Aseguran que las mujeres están "cuatro veces más expuestas a sufrir discursos de odio"

Las mujeres están "cuatro veces más expuestas que los hombres a sufrir algún tipo de discurso de odio", advirtieron este jueves  investigadoras que disertaron en el segundo día del I Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Salud Pública (Aasap), y remarcaron la importancia de "pensar la salud pública como algo que no es una cuestión individual", sino un "campo de construcción de solidaridad".

En el marco del I Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Salud Pública, que se realiza entre este miércoles y viernes en el Centro de Convenciones Palais Rouge ubicado en el barrio porteño de Palermo, Télam dialogó con disertantes del panel "Avances de las nuevas derechas, discursos de odio y salud".

Con foco en el impacto de las nuevas derechas sobre el campo de la salud, los disertantes remarcaron las características "utilitaristas, tecnocráticas, economicistas y violentas", que forman parte -en mayor o menor medida- de las sociedades actuales y que tienen como móvil también a los discursos de odio, erosionando los principios de solidaridad que promueve la salud pública.

"Ciertas discursividades puestas en circulación, de cierto modo, hieren. Y esas heridas no son fantasiosas ni superficiales, pueden calar muy profundo y efectivamente producir daño"Micaela Cuesta, coordinadora del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos en la Universidad Nacional de San Martín

En este marco, Alejandra Sánchez Cabezas, vicedirectora de la Aasap y disertante del panel, explicó a esta agencia que "el campo de la salud pública es un campo de construcción de solidaridad", en el que la enfermedad "no es un ente autónomo, es fruto de las formas de vida y las maneras que nos relacionamos".

"Hay estudios que demuestran perfectamente bien que las sociedades más integradas tienen más años de expectativa de vida. La falta de conflictividad social disminuye la mortalidad infantil", ejemplificó.

Sin embargo, los discursos de odio "rompen la legitimidad social y el vínculo de vivir en sociedad", añadió la médica y doctora en Ciencia Política.

"Ciertas discursividades puestas en circulación, de cierto modo, hieren. Y esas heridas no son fantasiosas ni superficiales, pueden calar muy profundo y efectivamente producir daño", sostuvo Micaela Cuesta, coordinadora del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).

Alejandra Sánchez Cabezas: "Hay estudios que demuestran perfectamente bien que las sociedades más integradas tienen más años de expectativa de vida". Foto: Pepe Mateos.

De este modo, los discursos de odio pueden producir desde afecciones emocionales que van desde "angustia y ansiedad", hasta prácticas de automutilación como el "cutting" (cortes en la piel), detalló Cuesta, quien participó del panel junto a Sánchez Cabezas y Juan Cannela, miembro de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica.

"Hay psicopatologías cuyas raíces profundas son sociales", explicó la socióloga y doctora en Ciencias Sociales, ya que "cuando hay un colectivo denostado y subordinado, es un colectivo que pierde capacidades de autocuidado".

Asimismo, señaló que los discursos de odio "exacerban la violencia sobre aquellos que suelen estar por cuestiones históricos sociales, de clase, de raza, de género, más expuestos a la violencia, al pretender excluirlos de la conversación pública.

En este sentido, el segmento más vulnerable a este tipo de violencia son las mujeres, las que "están cuatro veces más expuestas a sufrir discursos de odio que los hombres, según el relevamiento que hicimos en el laboratorio", precisó Cuesta,

Asimismo, también "están muy expuestos a la degradación y la subvaloración que tiene como consecuencia el descuido de la salud, todas aquellas personas que tengan algún tipo de involucramiento político en sus comunidades", como funcionarios políticos, sindicalistas o referentes gremiales, precisó.

Y añadió que "eso es un problema, porque en una democracia se supone que debería haber más políticos, o más gente involucrada con los destinos comunes".

En tanto, las especialistas se refirieron al avance de los discursos "negacionistas" y "antivacunas" y su relación con la evidencia en el progreso de la ciencia y la medicina.

"Los avances científicos son verdad, hay y hay muchos, pero es mentira que estos avances traen mejoras en la calidad de vida de la gente y más felicidad", sostuvo Sánchez Cabezas, ya que para la especialista "nunca hubo tanta depresión ni tanto consumo de psicofármacos como ahora, que tenemos la ciencia en su máximo apogeo".

"Nos prometieron que el progreso era felicidad y no somos más felices. Hay frustración, hay enojo, hay disconfort. Hay sociedades más fracturadas, entonces hay desimplicación social. A alguien le tengo que echar la culpa, no importa a quién", ilustró.

En concordancia, Cuesta agregó que la sociedad depende de la "capacidad de generar vínculos en un sentido no padeciente, sino positivo", al considerar que "uno es limitado y puede ser mejor con otros, y que esa asociación puede generar el mayor bienestar general o colectivo".

En la actualidad, "ese tipo de narrativa y de relato es el que hoy está puesto en crisis", sostuvo.

Frente a este escenario de violencias y fragmentación social, Sánchez Cabezas remarcó la necesidad de "poder pensar la salud como algo que no es una cuestión individual", junto con "un estado presente".

"La salida es a través de la construcción de otros sentidos que puedan producir focos de transformación social. Eso puede ser desde estos micropoderes individuales y desde políticas públicas, como la ley del aborto, de matrimonio igualitario, de educación sexual integral, que den el marco para que estos cambios sean posibles", concluyó.


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